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La dictadura de Nicolás Maduro ha llevado a que Venezuela sea un Estado fallido. Sus oprimidos ciudadanos no tienen medicinas ni alimentos, falta el empleo y abunda la inseguridad. Este panorama dantesco ha causado una crisis migratoria en la frontera de Venezuela con sus vecinos, que se intensifica cada día más, y no podemos descartar que sus ramificaciones crucen a nuestras fronteras. Panamá debe prepararse para enfrentar esta amenaza, pero a la vez tiene la responsabilidad de colaborar con los esfuerzos internacionales de exigirle al Gobierno venezolano que restaure la democracia y libere a su pueblo del yugo, del hambre y la escasez. Más temprano que tarde los pecaditos de la diplomacia de la conveniencia con Caracas nos pasarán una factura humana, económica y social cuyos costos superarán con creces los exiguos beneficios que conllevan las buenas relaciones con Maduro. Los intereses nacionales se fortalecen cuando se promueve la democracia y el respeto a los derechos humanos en nuestra región.

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