La tarifa del Metro es una pequeña muestra de cómo al presidente Juan Carlos Varela le ha faltado carácter para actuar con la responsabilidad que exigen los temas de Estado, incluida la gestión de los recursos. Ricardo Martinelli estableció una tarifa absurdamente baja. Él dirá que con el objeto de asegurar su uso por los panameños de menos recursos; otros pensarán que con el propósito de obligar a su sucesor a pagar el costo político de un aumento. Sea cual fuera el caso, era de presumir que, una vez la nueva administración se enfrentara al delicado ejercicio de hacer cuadrar recursos y necesidades, el aumento sería inminente. Por su naturaleza, el Metro es una operación subsidiada, pero, cobrando una tarifa razonable y trazando una estrategia comercialmente para aprovechar el área de las paradas, el subsidio podría reducirse en varias decenas de millones de dólares anuales y se liberarían recursos para atender otras tareas pendientes. Esta lógica, sin embargo, no ha imperado; y la razón es muy sencilla. Los políticos evitan cualquier decisión que los pueda indisponer con los electores, aun cuando saben que, a la postre, esta redundará en beneficios para las mayorías. Dicen que actúan para proteger al pobre, pero lo cierto es que el pobre necesita de mucho más que sensibilidad social. Necesita de estadistas con visión y con carácter para tomar decisiones impopulares, y solucionar los problemas, en lugar de buscar la manera de pasárselos al siguiente.
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26 feb 2018 - 05:00 AM