“Las personas pueden olvidar lo que les dijiste y lo que les hiciste, pero nunca olvidarán los que les hiciste sentir”, esta conocida y anónima expresión, resume la esencia de las relaciones con el prójimo. A lo largo de la vida tenemos la vivencia de miles de personas donde disfrutamos de sus experiencias, conocimientos y donde nos dejan unas huellas inolvidables para el resto de nuestra existencia. La huella de Dios es imborrable, es para siempre.
Esas personas las encontramos en nuestros padres, el amor y protección que nos dan siempre, aunque no estemos cerca de ellos, nos dejan huellas que son únicas en la existencia de nuestras vidas; los hermanos, muchas veces son nuestros confidentes y amigos que comparten toda una experiencia con nosotros y nos dejan huellas de hermandad profundas, los familiares cercanos como primos y tíos nos demuestran su cariño, a través de los años y nos dejan huellas de lealtad, los primeros compañeros y amigos de infancia, nos dan su amistad y muchas veces para toda la vida nos dejan huellas gratas e inolvidables; nuestros amigos del barrio, de juegos y aventuras nos dejan huellas de fraternidad; nuestros primeros y buenos maestros de escuela primaria y secundaria, nos dejan huellas en la educación y valores que no se pueden olvidar jamás; luego, los amigos de la universidad nos dejan huellas de luchas y principios para forjarnos como ciudadanos honestos y forjadores de buenas causas, y finalmente los nuevos amigos de la vida laboral nos dejan huellas de experiencias y competencias. Cada uno de ellos nos ha dejado un legado de vivencias y huellas que no podemos olvidar.
En cada una de esas etapas de la vida se incrementan toda clase de acciones que van dejando una huella a lo largo de nuestras vidas para que seamos hombres y mujeres que luchamos por el bienestar de nuestros semejantes y trabajemos con honradez para ser ejemplos de futuras generaciones para el buen desarrollo de un país. Algunas personas humanitarias como la Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Nelson Mandela, Juan Pablo II, que dedicaron sus vidas a los más necesitados por las miserias en que viven y forjaron un porvenir adecuado para su existencia, tuvieron un liderazgo de masas que supieron llegar a ellas con humildad y honestidad.
Recordamos también a nuestros amigos y familiares que perecieron y aprendimos a través de ellos sus alegrías, sus tristezas, sus enfermedades, su lucha por brindar el bien a los demás. El fráter Carlos Cordero, Javier Arosemena, JoséÁngel Quinzada, Jeannette Nicholson, Ricardo Velásquez; donde su legado de sencillez, humildad, don de gente, carisma, enaltecieron a través de su vida a muchas personas.
El pasado 2 de noviembre falleció el banquero, filántropo y presidente del Banco General Federico Humbert Azcárraga, que se destacó durante 40 años en servir al prójimo con sus programas de responsabilidad social empresarial, a enaltecer los valores éticos y morales.
Necesitamos seres humanos como ellos, porque enarbolaron un ideal con el que sus seguidores se identificaron con ardor. Qué huellas nos han dejado estos líderes, amigos y familiares que continuamos recordándolos con fervor y enalteciendo sus principios en el respeto y dignidad del ser humano. Todos tenemos una misión y un sueño que cumplir para la vida, necesitamos en nuestro país verdaderos líderes que velen por el bienestar, cultura, educación, salud, seguridad de nuestros ciudadanos, para que el país surja adecuadamente como debe ser.
Nos tocará a nosotros seguir esas ejemplares huellas, qué principios y valores dejarán nuestros actuales gobernantes a las futuras generaciones para que sean mejores ciudadanos y que el día de mañana sigan el ejemplo para dejar un país que nos sintamos orgullosos de pertenecer a él. ¿Cuál es la huella que dejas?
La autora es relacionista pública.