En días pasados participé en la entrega de certificados, que con muchos esfuerzos realizó la Escuela de Artes Plásticas de la Dirección Nacional de Educación Artística del INAC, ubicada en Santa Elena, a los niños que participaron durante todo el año 2017 en los cursos de artes impartidos con mucho amor por los servidores de esa dependencia del Instituto de Nacional de Cultura. Cuando la directora del centro tomó la palabra, agradeciendo a los padres presentes por la confianza depositada en ellos, al entregarles a nuestros hijos para transmitirles el amor por el arte, y ver las deplorables instalaciones en que lo hicieron, quedé convencido de que lo hacían de corazón, pues las instalaciones que utilizan, y en general todas las que utiliza el INAC, para nada llenan los requisitos básicos de comodidad, no cuentan con teléfonos, tampoco con internet, los salones son muy pequeños, al punto de que tres maestras atienden a tres grupos distintos de niños en el mismo salón, no tienen los insumos mínimos para que los niños puedan desarrollar con libertad los proyectos; en conclusión, esto demuestra que la cultura en Panamá es huérfana de presupuesto. A pesar de ello, la disposición, el amor y las ganas por enseñar de los profesores son evidentes.
Toda esta falencia cobra sentido cuando observamos que la directora del INAC, sustentó la necesidad de un presupuesto para el año 2017 de B/.86 millones 495 mil 635.00. En aquella oportunidad, el director de Planificación y Presupuesto del INAC explicó que de la suma solicitada, el presupuesto de inversión solicitado se estimó en B/.50 millones 787 mil 243, mientras que para el funcionamiento era de B/.35 millones 708 mil 392. Sin embargo, se le asignó, para el año 2017, la suma de B/.43 millones 369 mil 900.00, suma de la que solo se destinó para materiales y suministro el 4%, y para maquinaria y equipo, el 2%.
En la misma línea, la ingeniera Janelle Davidson sustentó para el año 2018 la necesidad de un presupuesto de B/.102 millones 288 mil 86, necesarios para cumplir con importantes proyectos sociales, restauraciones, entre otros, sin embargo, se le asignó la suma de B/.39 millones 781 mil 940. Como vemos, menos de lo que se le asignó para el año 2017.
Con lo anterior, uno concluye que pareciera falta de interés del Estado en desarrollar planes de carácter social que procuren alcanzar a través de la cultura y el arte a la juventud, esto, a pesar de ser un mecanismo comprobado para alejarlos de las calles. Esto ya lo hemos visto, ya que las pocas fundaciones sin ánimo de lucro, a las que hay que agradecer su gran trabajo, han estado rescatando a jóvenes de las calles. Ya que a través de las academias particulares resulta oneroso para un joven practicar cualquier arte.
Finalmente, exhortamos al Estado a invertir en el arte y la cultura, crear programas que busquen enseñar en especial a la juventud, ya que con ello se logra la evolución de la sociedad, produciendo abundancia de creatividad y así reducir la delincuencia juvenil.
El autor es abogado