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Humanos + agentes: el futuro del trabajo con inteligencia artificial

La transformación que impulsa la inteligencia artificial (IA) ya no se limita a “automatizar tareas”, sino que está avanzando hacia la colaboración hombre/máquina en un nuevo plano: el paradigma del agente inteligente. Según el informe de Deloitte AI is capturing the digital dollar. What’s left for the rest of the tech estate?, la clave está en lo que denominan human + agentic AI, es decir, modelos de IA que actúan como agentes autónomos, pero orquestados junto con las personas.

Este enfoque plantea un giro en la narrativa estándar, ya que no se trata de sustituir al trabajador, sino de aumentar sus capacidades, rediseñar sus roles y cambiar cómo concebimos el trabajo. Este cambio es fundamental, ya que hasta ahora la mayoría de las iniciativas de IA se han centrado en automatizar tareas rutinarias o en conducir junto al humano. Sin embargo, lo que propone el informe de Deloitte va más allá: agentes que razonan, planifican, conectan con herramientas externas, ejecutan objetivos y aprenden de ellos.

El enfoque es oportuno y necesario, pero también exige un esfuerzo consciente en varios frentes: cultura organizativa, gobernanza, redefinición de roles, permisos, control de sesgos y decisiones, y datos; porque sin esos componentes, el agente inteligente puede quedar atrapado en la trampa de simplemente “colocar IA sobre” procesos mal diseñados, una crítica que se escucha cada día más fuerte.

Ahora bien, una ventaja clara del modelo agente es el aumento de productividad real. Imaginemos que un agente se encarga de recopilar datos, generar propuestas, escalar excepciones, mientras que un profesional humano se dedica a analizar, interpretar e innovar. En ámbitos como finanzas, recursos humanos o atención al cliente, esta sinergia puede marcar una diferencia sustancial; pero aquí viene el contrapunto: ¿cómo asegurar que esta “máquina que actúa” lo haga con ética, transparencia, respeto a la privacidad y sin reproducir sesgos o invisibilizar el factor humano?

Muchas organizaciones están aún en las “primeras entradas” de esta transformación. La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, pero el cambio organizativo, el ajuste de procesos, la gobernanza y la cultura van más lento. Esto significa que las expectativas deben gestionarse con realismo: no se trata de “poner agentes”, sino de construir paso a paso.

¿Cómo adaptarse?

Me interesa particularmente el efecto que tiene sobre el capital humano. Si bien hay un temor legítimo de que la IA se lleve los trabajos, el mensaje debe ser distinto: el agente no reemplaza automáticamente, sino que libera a las personas para que puedan realizar tareas de mayor valor. Esto abre una oportunidad: repensar qué trabajos debemos hacer como humanos y cómo formar para asumir esos nuevos roles.

En ese sentido, la educación y la formación continua se vuelven imprescindibles. No basta con adoptar tecnología; el talento debe evolucionar mediante alfabetización digital, pensamiento crítico, habilidades de supervisión de agentes, toma de decisiones y ética. De lo contrario, corremos el riesgo de tener agentes poderosos, pero personas sin poder sobre ellos.

Otro aspecto crítico es la gobernanza: definición clara de responsabilidades, control de escalaciones, transparencia en decisiones de los agentes, permisos y acceso a datos. Deloitte señala que la gestión de casos de uso, de permisos y del human in the loop siguen siendo esenciales para evitar que sistemas autónomos operen sin supervisión mínima. Además, la combinación humana/agente debe definirse desde el diseño del proceso: ¿quién hace qué?, ¿cuánta autonomía tendrá el agente?, ¿cómo se supervisa y corrige?

Finalmente, quisiera plantear una reflexión: el verdadero valor de estos agentes inteligentes no reside solo en ejecutar más rápido, sino en transformar la forma de trabajar y de crear valor con mayor significado. Si solo implementamos agentes para hacer lo mismo más rápido, corremos el riesgo de perpetuar estructuras rígidas, perder humanidad y disminuir creatividad; pero si se usan para liberar tiempo y potenciar talento humano, entonces estamos ante una nueva era.

El modelo humano + agente representa una evolución lógica y potente de la IA en el mundo empresarial. Es un camino prometedor, pero exige valentía, inversión, visión de largo plazo y una implantación cuidadosa.

El autor es socio líder de Deloitte Panamá.


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