La Corporación Latinobarómetro publicó recientemente su informe 2018, basado en una encuesta realizada a más de 20 mil personas en 18 países. Este reporte mide el estado de las democracias latinoamericanas. Varios medios de comunicación han discutido ampliamente el resultado general del informe, el cual sugiere un declive de confianza en el modelo democrático.
Sin embargo, poco se ha discutido sobre un indicador clave en el entendimiento del sistema democrático latinoamericano, y es el papel de la Iglesia—principalmente la Iglesia católica. Según datos de 2014 de Pew Research Center, el 40% de la población católica mundial vive en América Latina.
El informe de Latinobarómetro reporta que, debido a los recientes escándalos de pedofilia que involucran a sacerdotes y obispos de la región, la confianza en la Iglesia católica ha bajado. A pesar de ello, la Iglesia sigue siendo la institución en la que más latinoamericanos confían (63%), seguida por las fuerzas armadas y la policía (44% y 35%, respectivamente). Panamá es el segundo país de la región que más confía en la Iglesia (78%), precedido solo por Paraguay (82%).
¿Por qué Panamá obtiene un porcentaje tan alto? En gran parte porque no es un estado laico. A pesar de que la Constitución permite el libre ejercicio de todas las religiones, no se puede describir el Estado como secular, ya que el mismo artículo que garantiza libertad religiosa demanda un respeto de todas las demás religiones y cultos hacia la moral cristiana. No hay un desligamiento completo de la religión. De hecho, hay una limitante a la mayoría de las religiones.
Comparemos Panamá con Uruguay que, según el informe de Latinobarómetro, es el segundo país que menos confía en la Iglesia. Aunque la Constitución uruguaya “reconoce a la Iglesia católica el dominio de todos los templos que hayan sido total o parcialmente construidos con fondos del erario nacional”, el mismo artículo claramente establece que “todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay” y que “el Estado no sostiene religión alguna”. Uruguay es una de las naciones más progresistas de Latinoamérica. Ha legalizado la marihuana y el matrimonio igualitario. Según el informe, Uruguay es el país que más satisfecho está con la democracia y un 41% de su gente aprueba el Gobierno, mientras que en Panamá los índices de satisfacción democrática caen y tan solo 25% de la población aprueba el Gobierno.
Pero lo más importante, Uruguay encabeza casi todas las listas de confianza en las instituciones democráticas: judicial, legislativa, electorales... Por otra parte, la tendencia en Panamá y Latinoamérica es hacia una mayor desconfianza en las instituciones democráticas. Mientras estas instituciones fundamentales se debilitan, dejan un vacío que llenan entonces instituciones religiosas que impiden el progreso con sus agendas y sus ideologías. ¿No sería bueno entonces corregir y fortalecer a nuestras instituciones democráticas con recursos, talento e infraestructura? Solo una idea.
El autor es licenciado en Comunicación, Retórica y Relaciones Internacionales.