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Identidad en tiempos de confusión

Raíces, fe, educación y cultura frente a los desafíos de la modernidad

Identidad en tiempos de confusión
Las enormes raíces de un árbol en el Parque Nacional Corcovado / Getty Images

Desde los inicios de las civilizaciones, el ser humano ha buscado comprender su origen, su propósito y su lugar en el mundo. Las primeras comunidades aprendieron a convivir con la naturaleza y con los animales, observando sus ciclos y aprendiendo de ellos sin perder la conciencia de su propia humanidad. Las tradiciones espirituales antiguas, junto con el pensamiento filosófico y científico, incluido el darwinismo, intentaron explicar la vida desde distintas perspectivas, aportando conocimiento sin borrar los límites que definían la condición humana.

Religión, cultura y valores como pilares sociales

A lo largo de la historia, las religiones y diversas corrientes culturales han contribuido a la construcción de normas, valores y sentido de comunidad. Más allá de las diferencias entre credos, muchas tradiciones coincidieron en resguardar la dignidad humana, fortalecer la familia y promover la responsabilidad compartida. Estos pilares ayudaron a formar sociedades organizadas y dieron dirección a generaciones que buscaban equilibrio entre fe, razón y convivencia.

En el ámbito educativo y cultural, la transmisión de valores ha sido una herramienta esencial para el crecimiento social. La educación no solo debe transmitir conocimientos académicos, sino también formar criterio, respeto y conciencia histórica. Hoy resulta necesario fortalecer el pensamiento crítico sin perder de vista las raíces culturales que sostienen la identidad de cada nación.

Fe, esperanza y formación espiritual en tiempos modernos

En medio del avance tecnológico y los cambios acelerados, surge una pregunta inevitable: ¿estamos dejando apagar la fe, la esperanza y la formación espiritual dentro de nuestras familias y comunidades? Independientemente del credo, muchas personas encuentran en la idea de un Dios supremo una fuente de fortaleza y orientación. Inculcar valores espirituales no significa imponer creencias, sino ofrecer herramientas que permitan enfrentar los desafíos actuales con responsabilidad y propósito. El verdadero desafío no es elegir entre modernidad o fe, sino aprender a convivir con ambas sin perder el sentido humano que sostiene a la sociedad.

Libertad, cultura y desorientación contemporánea

La libertad ha sido siempre uno de los principios más importantes para el desarrollo humano; sin embargo, cuando se interpreta sin límites ni conciencia histórica, puede generar confusión social. Vivimos una época en la que diversas tendencias buscan redefinir conceptos fundamentales y, frente a ello, surge la necesidad de reflexionar con seriedad sobre el rumbo cultural que estamos tomando.

Existen corrientes que, aun sin contar con una aceptación plena dentro de amplios sectores de la sociedad, intentan abrirse camino hacia la normalización. Ante este escenario surge una pregunta inevitable: ¿cuál de todas las fragilidades que atraviesa nuestra época resulta más alarmante: la pérdida de límites, la confusión sobre la identidad o la creciente incapacidad de distinguir entre progreso y desorientación? Esta interrogante no busca señalar individuos, sino invitar a una reflexión profunda sobre el destino social.

En este contexto también aparece la responsabilidad del Estado y de quienes ejercen liderazgo público. No basta con observar los cambios culturales desde la distancia; cuando la convivencia se ve afectada, se hace necesario debatir y legislar con equilibrio para establecer marcos claros que orienten a la sociedad sin destruir su esencia.

Therians y el debate sobre identidad cultural

Desde tiempos antiguos, la humanidad ha reconocido su conexión con la naturaleza y con la llamada Madre Tierra, aprendiendo de ella sin perder claridad sobre su identidad humana. El ser humano nace de un padre y una madre, y esa realidad biológica y simbólica ha sido una referencia constante para comprender quiénes somos dentro de la historia y de la sociedad.

Dentro del panorama contemporáneo aparecen fenómenos como los llamados therians, término utilizado para describir a personas que afirman sentir una conexión espiritual o simbólica con determinados animales. Mencionar esta definición no implica aceptación alguna, sino ofrecer claridad al lector sobre el tema que se cuestiona.

Desde la perspectiva crítica que sostiene este artículo, estas corrientes no representan un avance cultural ni una evolución de la identidad humana, sino una señal preocupante de desorientación social. La inquietud no se dirige hacia las personas como individuos, sino hacia la normalización de ideas que, desde esta mirada, diluyen referencias fundamentales y generan confusión sobre los límites de lo humano. Explicar el fenómeno no busca justificarlo, sino evidenciar por qué para muchos constituye una alerta dentro del debate cultural actual.

Cuando una sociedad pierde claridad sobre sus fundamentos, el riesgo no es solo la confusión individual, sino una fractura social que impacta en la educación, en la cultura y en el futuro de las nuevas generaciones.

Entre evolución cultural y esencia humana

Nuestros antepasados convivieron con la naturaleza sin confundirse con ella. Las tradiciones religiosas y las teorías científicas buscaron comprender la vida desde diferentes perspectivas, manteniendo siempre una referencia clara sobre la identidad humana. Hoy, frente a cambios constantes, el desafío consiste en equilibrar evolución cultural con responsabilidad histórica, evitando caer en extremos que debiliten el pensamiento crítico o la cohesión social.

Volver a las raíces para avanzar

Como sociedad y como país, resulta necesario fortalecer nuestras raíces sin negar los procesos de transformación propios de cada época. Honrar a nuestros ancestros no significa quedarnos en el pasado, sino reconocer que muchas de nuestras costumbres, tradiciones y enseñanzas nacieron con la intención de construir comunidades más fuertes y solidarias. Corregir errores históricos es parte del crecimiento, pero hacerlo sin memoria puede generar desorientación social.

Soy consciente de que estas reflexiones pueden generar críticas diversas. Algunos defenderán que cada individuo debe actuar sin cuestionamientos; sin embargo, guardar silencio ante aquello que inquieta a la conciencia también puede significar renunciar a la responsabilidad común. Expresar una postura no nace del deseo de imponer, sino del compromiso de participar en el debate público y evitar que la indiferencia nos lleve a una desintegración cultural.

Hoy muchas personas sienten preocupación y tristeza al observar un mundo que cambia con rapidez. Aun así, permanece la posibilidad de construir una civilización que combine progreso tecnológico con valores humanos sólidos. La verdadera evolución no consiste en olvidar quiénes somos, sino en avanzar con conciencia, educación, fe y responsabilidad social, buscando siempre una sociedad más justa, ordenada y profundamente humana.

La autora es educadora.


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