Lo que separó al hombre —en un momento dado de la evolución— del simio fue el trabajo. En la actualidad, lo que distingue a la humanidad —momentáneamente— del complejo sistema de datos son los sentimientos. (ADS)
La ideología es la concepción que el hombre tiene del mundo y de su presencia en él. En los últimos cien años que precedieron estos momentos, la lucha por la hegemonía se libró entre el capitalismo y el comunismo o, más apropiadamente, entre el imperialismo y el sistema socialista o los regímenes de dictadura del proletariado.
En el presente, la dominación global es presidida por el capitalismo de Estado. En Estados Unidos de América, como en China, básicamente, el Estado es el que determina qué producir, cómo producir y para quién producir.
Ahora bien, en los momentos definitorios que vive la humanidad, la existencia se debate entre el Homo sapiens y la artificial intelligence (AI) y especialistas sostienen que el desenlace final estará determinado por el momento en que la AI sea dotada de sentimientos.
Sin embargo, lo que oteamos en el horizonte humano es precisamente lo contrario, esto es, la deshumanización del hombre. Pongamos dos ejemplos: uno cercano y otro más alejado de nuestra cotidianidad.
En Panamá, el grupo dominante (plutocracia minera, corrupta, clientelar y antinacional) antepone 40,000 empleos y el 5% del PIB, que supuestamente representa la explotación de la mina de cobre de Donoso durante 37 años, a la degradación total de los suelos y la contaminación de las aguas del istmo de Panamá, per saecula saeculorum.
Por otro lado, en un rincón del este europeo, en una guerra inútil (como todas), uno de los contendientes, en vías de agotar sus reservas humanas para el combate, ya ha equiparado un batallón de soldados humanos y soldados-dron.
En síntesis, el peligro que corre hoy la humanidad no es que la inteligencia artificial (IA) sea dotada de sentimientos humanos y decida adversar o contender contra sus creadores, sino la deshumanización total del hombre, en el más estricto sentido de la palabra.
El autor es abogado y analista político.

