DEMOCRACIA

¿Los idiotas … seremos más?

Para unos, la democracia es la existencia de elecciones cada cierto tiempo, para otros, el poder que tiene una muchedumbre para elegir a quienes los gobiernen. Pero en la antigua Grecia, la democracia era el «gobierno de los artesanos y campesinos», los únicos con poder de voto.

Sin embargo, la elección por sorteo era lo más habitual, porque repartía el trabajo de la administración entre toda la ciudadanía, y estaba basada en su condición de ciudadano, y no en su mérito. Este método fue considerado un medio para prevenir la compra corrupta de votos y dar a los ciudadanos igualdad política total, ya que todos tenían la misma probabilidad de obtener un cargo gubernamental.

Más que la incompetencia, a los atenienses lo que más les preocupaba era la tendencia a utilizar el cargo como una forma de acumular poderes. Las competencias de los funcionarios fueron delimitadas de forma exacta y su capacidad de iniciativa era limitada.

Solamente los varones adultos, ciudadanos atenienses, y que hubiesen terminado su entrenamiento militar como efebos, tenían derecho a votar. Esto excluía a una mayoría de la población. También se rechazó a los ciudadanos cuyos derechos estuviesen suspendidos por no haber satisfecho sus deudas con la ciudad, para algunos esto significaba la incapacidad permanente e incluso hereditaria.

Los funcionarios encargados de las finanzas eran electos, ya que cualquier desfalco se podría recuperar de su patrimonio; la elección de hecho favorecía fuertemente a los ricos, ya que la riqueza era un requisito ineludible.

Los cargos estaban sometidos a revisión antes de ostentarse y al escrutinio al salir. Podían ser destituidos en cualquier momento por la Asamblea. Los atenienses despreciaban a quienes no participaran en la política, y solo se preocupaban por sus asuntos particulares, llamándolos “idiotas”, término que se ha transformado en un insulto hoy día.

En nuestro país, la política es una actividad que trae una multitud de falsos “amigos”, pero indudablemente bastante enemigos verdaderos. Plagada de zancadillas, traiciones e inmoralidades, nos ha llevado a gobiernos de la muchedumbre (oclocracia); una de las formas de degeneración de la democracia, creándose un agente de producción biopolítica que a la hora de abordar asuntos políticos presenta una voluntad viciada, viciosa, confusa, injuiciosa o irracional, por lo que carece de capacidad de autogobierno y por ende no conserva los requisitos necesarios para ser considerado como «pueblo»”.

No hay la menor duda de que cada día que transcurre nuestros males se agravan. A veces pienso que Pandora no abrió su caja en Grecia, sino en Panamá, y que, debido a ello, estamos sufriendo todos los males que en ella estaban, males que están enquistados firmemente en nuestra sociedad, y ninguna reactivación económica los desterrará.

El arribismo, la traición, la descalificación, la calumnia, la alabanza y la lisonja interesada, están tan firmemente arraigadas en nuestro ADN político, que, para erradicarlas, tendría que crearse otra sociedad.

Con las propuestas reformas constitucionales no habrá ningún cambio en el país. Las reformas nacen con múltiples tumores cancerosos, y su periodo de vida será muy breve. Nuevamente, un elitista grupo de concertación privada, manejado por políticos que son precisamente los responsables del desastre económico y moral que vivimos, pretenden con galimatías, falacias, maquillaje y truculencias, abrogarse una función que es privativa del soberano.

Volvemos a los tiempos de 2004, cuando producto del pacto Martín-Mireya, se impusieron unas chucutas enmiendas, dentro de las que se decidió no modificar jamás la constitución militarista, con una asamblea constituyente, ya que nunca podrá ser convocada por nadie, y donde la clase política se aseguró la impunidad total y absoluta, estableciendo un presidencialismo imperial que subsiste rampante.

No podemos prestarnos a defender, opinar ni a dialogar sobre ninguna propuesta constitucional que no sea producto de la voluntad popular.

Y es por ello que es preferible seguir el ejemplo de los “idiotas” de la antigua Grecia, dedicarse solo a los asuntos propios, y dejar que suceda lo mismo que acontece en Venezuela, cuyos nacionales han tenido que salir como los cubanos.

Y de allí el porqué, los idiotas, vamos a ser más…

El autor es abogado 

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