La propuesta del presidente de la República de realizar los desfiles patrios en la ciudad de Colón, ha desatado una abierta contradicción entre la población colonense en su conjunto y el primer magistrado de la nación.
En efecto, frente a una ciudad destartalada por las inadecuadas acciones de las empresas que realizan el llamado proyecto de “renovación urbana”, que para muchos es el proyecto de “destrucción urbana”, las condiciones inhóspitas, insalubres y de deterioro no permiten el desarrollo de actividades. Las calles de la ciudad claman por una mano o un gesto de bondad para no morir.
No obstante, frente al dolor de los colonenses que ven cómo se acaba una de las principales ciudades del país, el Gobierno, principalmente el presidente, distinto a ese agobio y casi sin detenerse a mirar lo que clama la población, propone un desfile en plena ciudad, corriéndose el riesgo de una catástrofe en un espacio físico que no resiste, puesto que las infraestructuras físicas abandonadas y no derrumbadas, el exceso de basura y de aguas negras, y el desorden de los trabajos de la “renovación”, son lo suficiente para rechazar de plano la propuesta de los desfiles en el casco de la urbe.
La sensatez debe obligar a la toma de decisiones correctas. Los gobernantes, que no son dueños del país, deben procurar las decisiones que vayan en beneficio de la colectividad. Lo contrario a ello es la imposición, que no ha sido nunca buena consejera. El Gobierno, frente a la pérdida de estima social, parece querer apurar los pasos para revertir la negativa percepción que lo acompaña. Si el cálculo es político, parece no acertar.
Por un lado, la respuesta de la población y de las autoridades ha sido contundente: la impugnación a la pretensión presidencial y consecuencialmente a la política anticolonense que históricamente han desarrollado los gobiernos en contra del hombre de este lugar del país.
Definitivamente el presidente de la República pierde perspectivas y con ello afinca la impopularidad que se ha ido acumulando y que hoy pone a la figura presidencial en una situación no ventajosa.
Por otro lado, las autoridades municipales se han sumado al sentir de la población, a juicio nuestro de manera tardía, puesto que el organizado desbarajuste de la ciudad de Colón, que profundizó el actual gobierno, nunca recibió la respuesta enérgica.
Del discurso, que quedó como lo fundamental, nunca se pasó a la toma de decisiones necesarias y urgentes, frente a los visibles comportamientos de quienes impulsaban enmascarados intereses populares, sobre la base del argumento del desarrollo para Colón.
El alcalde del distrito de Colón haciendo mutis frente a la realidad y el deterioro de Colón, no pudo desde esa posición asumir, independientemente de su filiación política y correspondencia con el partido que gobierna el país, una posición en defensa de quienes depositaron en su persona la voluntad para la conducción del distrito de Colón. Definitivamente que el lustro que transcurre no ha sido beneficioso para Colón, repitiéndose, desafortunadamente, lo que ha sido siempre: burla y abandono.
El autor es docente universitario