Lejos ha quedado la noción de la cultura como una expresión discursiva decorativa; su visibilidad es hoy muy práctica y los países que no se han preocupado por ponerla en sus agendas como prioridad de Estado están fracasando como modelos de proyectos de desarrollo sostenible.
La conciencia política de la importancia de la cultura en la vida social la coloca en el centro para atender problemas como el cuidado de la salud y el medio ambiente, la convivencia, la resocialización, el sentido de pertenencia, la difusión del conocimiento científico, el fortalecimiento de la gobernabilidad, la construcción de ciudadanía, la diversidad cultural, etc.
Ni hablemos del alcance que tiene la cultura en la educación. Los centros educativos que tienen proyectos institucionales donde la cultura es importante, logran preparar a estudiantes para confrontar la trama social que se encuentra resentida y donde se requiere de conocimientos que ayuden a reconstruir redes de relaciones con los otros para resolver conflictos y encontrar soluciones creativas.
Un país donde hay más casinos y cantinas que bibliotecas; donde en las comunidades no hay casas de cultura o centros culturales recreativos, no está pensando en la salud y el cuidado de la familia.
Un país que recorta el presupuesto a la cultura y no tiene equipamientos culturales de alta calidad no está legislando a favor de un verdadero desarrollo.
¿Qué hace la comisión de cultura y educación de la Asamblea de Diputados? ¿Por qué no legislan para crear leyes que favorezcan los espacios para la realización plena de los derechos culturales; para apoyar acciones emprendedoras que ayuden a la divulgación de la investigación y su aplicación en sectores vulnerables; crear estrategias de focalización incluyentes que prioricen en la niñez, la juventud y los grupos étnicos-raciales?
Parece que legislar para promover la gestión social de los valores y la equidad a través de la cultura para dialogar, negociar y resolver creativamente conflictos no es prioridad de nuestros gobiernos y diputados, que están más preocupados por su reelección. ¿O será que exagero?
El autor es escritor