Jóvenes apáticos a la política es lo más común de encontrar en estos días, y ¿quién puede culparlos? Si los antecesores no han sido el mejor ejemplo para impulsar a seguirlos. Y la clase política se ha convertido en un sector repudiado por la sociedad, aunque con mucha doble moral a decir verdad, pues seguimos quejándonos, criticando, pero adorándolos.
Como joven, no es fácil querer ser político; significa aceptar el hecho de que te vean como oportunista, porque es la percepción que tenemos.
Lo triste es lo alejado que se ha convertido este concepto del verdadero significado de la política, que en resumidos términos es como diría Pepe Mujica: “cortar el tocino un poco más grueso a favor de los más débiles”.
De mi parte, a eso apuesto, y a que existan más jóvenes valientes con ganas de tomar la batuta, no por oportunistas, sino por el contrario, para mejorar el panorama, sin importar lo difícil que será el principio.
Yo sigo teniendo fe en que existen jóvenes que tienen en sus manos las herramientas para cambiar el porvenir de la política. Y que muchos están rezagados por los prejuicios que nos ha impuesto nuestra sociedad; que no podemos por nuestra edad, posición social o económica o, incluso, porque nosotros mismos no queremos ser vistos como escoria arribista o vividora. Pero la política, para bien o para mal, nos guste o no, seguirá existiendo.
Por eso te hablo a ti, joven independiente o partidario, la democracia se fortalece participando y no hablando. Panamá necesita personas con prioridades diferentes, que no se dejen cambiar por el dañado sistema, que luchen dando la milla extra, sin olvidar que lo imposible siempre cuesta un poco más.
La autora es participante del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana