La construcción ha sido un sector dinámico de la economía panameña desde hace años. ¿En dónde radica su éxito?
En primer lugar, el uso del dólar estadounidense como medio de curso legal impidió que los gobernantes de turno abusaran de la emisión de circulante. Así, la inflación que caracterizó a la mayoría de las economías latinoamericanas, fue prácticamente desconocida para los panameños. Y se mantenían tasas de interés bajas y estables.
En segundo lugar, el desarrollo del centro bancario atrajo capitales y ahorros internacionales que dinamizaron la oferta de crédito interna. Igualmente, uno de los primeros actos institucionales del gobierno instalado después del golpe de Estado de 1968, en ese momento huérfano de amor popular, fue dictar medidas que fueron aplaudidas por la población: La disolución de la Asamblea Nacional, el congelamiento de los alquileres, etc.
Parte de la burguesía rentista que derivara sus ingresos de los alquileres emigró hacia la construcción de viviendas populares, aprovechando las circunstancias arriba descritas.
A mediados de la década de 1970 se da un estado de inflación-estancamiento que asola el mundo, derivado del cartel de la OPEP, que controlaba la oferta de petróleo y fijaba precios. Las tasas de interés se dispararon, y los sectores productivos entre estos la construcción, sufren una caída severa de la demanda.
Para aliviar la situación, se crea un subsidio a la tasa de interés, que en esos días fluctuaba entre 12% y 15%. Han pasado desde entonces más de 25 años. Las tasas de interés se nivelaron a la baja. En los últimos nueve años han caído las mismas a cifras que fluctúan entre 3% y 4%. Pero el incentivo a las tasas de interés, vía subsidio, nunca mejor dicho, subsiste.
La política de viviendas subsidiadas logra éxitos impresionantes en el Chile del general Augusto Pinochet. Un colega chileno me confesó que el sistema nació en aquellos días, como una respuesta a la invasión de terrenos valiosos de allegados al régimen. Ahíto de violencia y descrédito mundial, el sistema buscó soluciones para evitar un frente adicional de enfrentamiento social. Un programa de subsidio frente al precio de la vivienda, focalizada en los estratos más carenciados. Es decir, un subsidio a la demanda que obligaba al constructor a competir y ofrecer mejor producto. El sistema panameño es distinto. Es un subsidio a la oferta, lo cual lleva al precio más alto, perjudicando al comprador. Y empuja los precios hacia arriba.
Para mantener la demanda, se crean incentivos como la eliminación del impuesto inmobiliario durante 20 años. Pero cuando el propietario de casa jubilado ha perdido la mayor parte de sus ingresos, y el Estado necesitado de incrementar la recaudación propone aumentar las tasas impositivas inmobiliarias, eso, lógicamente, genera rechazos.
Hay otros sistemas más inteligentes. En países de Europa no existe el impuesto inmobiliario sobre la vivienda/habitación. Hay otros países en los que el impuesto inmobiliario se cobra solo sobre la vida útil depreciable del inmueble, es decir, alrededor de 20 años. Después, el propietario no paga. Siempre sobre la vivienda/habitación.
Los dineros del Fondo Especial de Compensación de Intereses (FECI) fueron tomados por los distintos gobiernos, para financiar el gasto corriente y más recientemente, los intereses hipotecarios.
Un sector dinámico y con apoyos claros desde el mercado financiero y las facilidades tributarias, queda recibiendo parte de los subsidios pensados para el sector menos desarrollado y más necesitado de políticas públicas de incentivo y modernización.
Claramente, algo no está funcionando, en mi opinión, en la forma de concebir las políticas públicas y la asignación de incentivos.

