Mucho se critica al periodismo, y aunque Kapuscinski nos dijo que “los cínicos no sirven para este oficio”, también es cierto que estar bien informados no es oficio para perezosos. Por las redes leemos todo tipo de epítetos contra medios y profesionales de la información, unos ingeniosos, muchos injustos, pero la mayoría nacidos de mentes sin el criterio y rigor que cualquier discusión merece.
Las sociedades inmaduras (como las personas) suelen acusar a los otros de su situación y, aunque podría ser cierta la relación causa-efecto, son incapaces de sostener dicha acusación con argumentos de peso, recurriendo al tuit o al post como respuesta. La generalización y la superficialidad que exhiben son síntomas de una profunda desidia social: la pereza crítica es de las más peligrosas enfermedades que sufre nuestra democracia.
Se informa, pero el receptor del mensaje hará bien en ponerlo en duda, y una vez comprobada su “veracidad”, puede defenderla con rigor. Lo que ocurre es que se cree lo que el algoritmo ofrece (por redes), o lo que el periódico de cabecera publica (los medios convencionales) pero, sea de donde venga la información, toca sacar la cabeza de la zona cómoda y comprobarla.
La información es un derecho, pero contrastarla y comprenderla con rigor es un deber. Nos hemos construido una sociedad simplista y perezosa, sin rigor, que vive de titulares, que cree lo que le da la gana como si eso garantizara el estar bien informado. La inmadurez de los que insultan a los medios es evidencia de victimismo, aunque argumenten que es su derecho.
“Busque juicio”, nos decían cuando éramos pelaos, y ya va siendo hora de hacerlo. Ese “juicio” es el criterio y rigor que van a hacernos falta para estar claros en lo que nos pretenden vender los entusiastas de la ignorancia de aquí al 2024, pan para hoy y hambre para mañana, y que nosotros le seguimos comprando como si no tuviéramos ya suficiente de lo mismo.
El autor es escritor
