Infraestructura, aprendizaje y retención escolar

La infraestructura educativa es crucial para los entornos de aprendizaje de las escuelas y universidades. Existe evidencia sólida que la infraestructura de alta calidad facilita una mejor instrucción, mejora los resultados de los estudiantes y reduce las tasas de deserción.

La pandemia de la Covid-19 ha puesto a prueba la capacidad de atender educación masiva a distancia. La emergencia educativa hizo que los problemas de conectividad, de servicios básicos y de disponibilidad de dispositivos tecnológicos se evidenciaran y agudizaran.

Fue más complicado garantizar el derecho a la educación en ciertas regiones de nuestro país que carecen de infraestructura digital y de servicios básicos para la mayoría de la población estudiantil. El confinamiento prolongado mantuvo a una buena parte de estudiantes luchando por obtener “hardware” -computadoras portátiles, teléfonos inteligentes, tabletas-, “software” -paquetes de Microsoft, programas de diseño- y data. La pandemia no sólo ha revelado la marcada desigualdad entre la población estudiantil: ha hecho evidente los altos costos de los equipos y los planes de data. Todo esto perpetúa la desigualdad, haciendo que la educación en línea sea relativamente inaccesible para los estudiantes desfavorecidos, además de aquellos ubicados en áreas sin conectividad o sin acceso a luz eléctrica.

De vuelta a las clases presenciales, una buena infraestructura escolar, con espacios renovados, hace posible que los niños y jóvenes que viven en zonas remotas estudien, mejoren su asistencia y su interés por el aprendizaje.

El 7 de marzo, después de 24 meses, se retornan a clases presenciales. De 3 mil 102 escuelas oficiales en el país, al 4 de marzo, había 2 mil 573 centros educativos preparados (82.95%); al 11 de marzo, existía una proyección de 2 mil 623 centros operativos (84.56%); y, al 18 de marzo, 2 mil 668 centros (86.01%). No todas las escuelas están dando clases presenciales y muchas de las que albergan a sus estudiantes, aún carecen de servicios básicos y no han sido reparadas en debida forma. Uno de esos servicios es contar con agua potable durante la jornada escolar, vital para cumplir con las medidas de Bioseguridad.

Por 24 meses, las infraestructuras escolares estuvieron vacías y muchas de ellas, desatendidas. Es crucial que los programas regulares de mantenimiento y reparación de las escuelas sean ejecutados para garantizar su buen funcionamiento.

Además de proporcionar educación y aprendizaje a los estudiantes, también es obligación de la escuela hacer que el proceso sea una experiencia positiva y lo más agradable posible.

Según los expertos, al menos se deben cumplir con los siguientes parámetros: espacios para docentes y estudiantes, con temperatura, ventilación e iluminación adecuadas; servicios de agua, electricidad e Internet; servicios sanitarios y el respectivo drenaje de aguas residuales. La infraestructura de la escuela debe contar con espacios para bibliotecas, laboratorios de ciencias naturales, física, química y biología y, por supuesto, tecnología. Incluso, debe tener espacios para el desarrollo de talentos y entretenimiento, cultura y deporte.

Pongámonos en el lugar de un estudiante: realmente ¿puedes concentrarte cuándo no puedes dejar de mirar la pintura descascarada de la pared del aula? ¿Es seguro practicar en el gimnasio en un día lluvioso cuando hay goteras en el techo o no hay techo? ¿Disfrutas yendo a la escuela cuando sus edificios parecen ruinas? ¿O cuándo no tienes ni una sola computadora para la clase de informática?

Cuidar la escuela a través del mantenimiento y reparaciones regulares, además de ser agradable a la vista, promoverá el aprendizaje y la retención escolar.

Si queremos mejorar la calidad de la educación en nuestras escuelas y elevar los estándares, debemos procurar la inversión, la gestión descentralizada y la financiación necesaria para mejorar la calidad de la infraestructura escolar. Invitemos a las empresas privadas, a cumplir lo indicado en el artículo 98 de la Constitución Nacional que establece la obligación de las empresas particulares de contribuir a atender las necesidades educativas en las áreas en las que operen, así como las empresas urbanizadoras en los sectores que desarrollen. Exijamos a los responsables a nivel gubernamental que las escuelas sean espacios de oportunidades, porque así lo exige el estudiantado, porque así lo exige el futuro de nuestro país.

El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación.


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