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Ingeniería frente al ruido: energía, IA y soluciones que ya existen

En ciertos análisis recientes se ha insinuado que el crecimiento de la inteligencia artificial podría verse amenazado por limitaciones energéticas. El mensaje, repetido con tono de alarma, ha generado inquietud en sectores que no están familiarizados con la operación real de la infraestructura crítica. Sin embargo, desde una perspectiva estrictamente ingenieril, el escenario es claro: no estamos ante una crisis, sino ante un problema conocido y ampliamente resuelto por la ingeniería moderna.

Cuando un ingeniero se enfrenta a una dificultad, no parte del miedo, sino de la experiencia. Y la experiencia demuestra que, cuando la energía de red no está disponible o no llega a tiempo, la solución es la generación propia. Esto no es una innovación reciente: es una práctica industrial consolidada desde hace décadas en sectores donde la continuidad operativa no es negociable.

El mejor ejemplo es la industria marítima mundial. El comercio global —que mueve la inmensa mayoría de los bienes que consume la humanidad— depende de barcos que operan veinticuatro horas al día, siete días a la semana, exclusivamente con generación eléctrica propia. Un buque moderno es, en esencia, una ciudad flotante: posee sistemas eléctricos, mecánicos, electrónicos, de control, climatización, bombeo, navegación y seguridad, todos alimentados por generadores industriales de alta confiabilidad. Esa industria no se detiene, no colapsa y no vive en angustia permanente por la energía. Simplemente opera.

Trasladado al mundo de los centros de datos y la inteligencia artificial, el principio es idéntico. Si la red eléctrica no está disponible en el momento requerido, se instalan plantas de generación continua o prime power, capaces de operar 24 horas al día, los 365 días del año. Esta decisión activa una extensa cadena económica: fabricación de generadores, suministro de diésel o gas natural, logística de combustibles, mantenimiento especializado, instrumentación, control, seguros, financiamiento y empleo técnico altamente calificado.

Pero, además de generar energía, la industria de la IA sabe gestionar la carga de manera inteligente. Los grandes operadores tecnológicos trabajan desde hace años con esquemas de Smart Grid, donde las tareas computacionales más pesadas pueden diferirse y ejecutarse durante períodos fuera de punta, cuando existe energía excedente en la red y las tarifas son más bajas. Entrenamientos intensivos, simulaciones masivas y procesos no urgentes pueden programarse estratégicamente para aprovechar esa energía sobrante, reduciendo costos y presión sobre el sistema eléctrico.

Esta lógica también impulsa arquitecturas con equipos redundantes, no solo como respaldo, sino como forma de separar cargas críticas de cargas pesadas. De ese modo, la infraestructura opera de forma más eficiente, flexible y económica. No se trata de consumir más energía sin control, sino de usar mejor la energía disponible.

Desde el punto de vista financiero, el impacto de estos ajustes es mínimo para el usuario final. Los costos energéticos adicionales se diluyen entre millones de clientes. Incluso un aumento marginal en las tarifas mensuales, si llegara a ocurrir, sería insignificante frente al valor que estos servicios ofrecen. La inteligencia artificial sigue siendo extraordinariamente rentable, aun considerando generación propia y gestión avanzada de carga.

Esta etapa de transición también impulsará con fuerza las energías complementarias. Habrá más instalaciones solares y eólicas, mayor inversión en almacenamiento con baterías y sistemas híbridos, y una expansión sostenida del gas natural como combustible estratégico. Todo ello fortalece la resiliencia del sistema energético global mientras se desarrollan nuevas líneas de transmisión y fuentes comerciales a gran escala.

El verdadero desafío tecnológico global no está en la energía, sino en los semiconductores avanzados. Estados Unidos, apoyado en ecosistemas como Corea del Sur y Taiwán, dispone hoy de chips de altísimo rendimiento que otros países aún no pueden igualar. Esa brecha existe, pero incluso allí la ingeniería y la matemática han demostrado que siempre hay caminos para optimizar, compensar y avanzar.

La industria marítima, la energética y la digital lo confirman todos los días: los problemas complejos no se resuelven con miedo, sino con ingeniería. La energía no es el límite de la inteligencia artificial; es un insumo más que sabemos producir, gestionar y financiar. Frente al ruido, conviene recordar una verdad elemental: los ingenieros existen para resolver problemas. Y este, como tantos otros, ya tiene solución.

El autor es ingeniero electromecánico.


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