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EDUCACIóN

El inhumano sistema de matrículas de la UP

El inhumano sistema de matrículas de la UP
El inhumano sistema de matrículas de la UP

La educación es el pilar de toda sociedad; en ella se consigna el destino del país. Cuando las personas llegan a la universidad vienen acompañadas de sueños y metas que desean cumplir. Algunos cuentan con el caudal económico suficiente para sufragar sus estudios sin la necesidad de pedir prestado, mientras que del otro lado del prisma se observa a muchos jóvenes que deben endeudarse y otros tienen que ir a trabajar; todo esto para poder estudiar, y aun así sus problemas no terminan porque penden del hilo de un sistema de matrículas ineficiente que les permita poder obtener un horario digno, que en teoría comienza a funcionar a partir de la medianoche, pero la realidad es otra.

Los estudiantes tienen que permanecer despiertos durante la madrugada esperando que el sistema les permita hacer sus trámites, pero esta oportunidad no llega y al final deben salir de sus casas, sin poder desayunar, rumbo a la universidad, para ser de los primeros en las interminables filas que se forman. La Convención Americana de Derechos Humanos se hizo ley de la República el 30 de noviembre de 1977, pero entró en vigor el 18 de julio de 1978. En su artículo 5 numeral 1 establece: “Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral.” Esto nos plantea una simple pregunta: ¿de qué manera la Universidad de Panamá respeta a sus estudiantes al privarles del sueño para obtener un horario digno?

En el año 1978, la Corte Europea de Derechos Humanos falló contra el Gobierno británico por emplear la privación del sueño como una técnica de tortura denigrante en sus interrogatorios, incumpliendo con lo establecido en la Convención Europea de los Derechos Humanos. En nuestro país no hay ningún tipo de sanción para la Universidad de Panamá.

La página web de la Universidad fue optimizada visualmente haciéndola más atractiva para quienes la visitan. Sin embargo, los problemas de todos los años continúan. ¿De qué sirve la carrocería de un Ferrari si el motor no puede arrancar? La autonomía de la Universidad de Panamá, que se encuentra consagrada en el artículo 103 de nuestra Constitución, no debe ser interpretada por las autoridades universitarias como un desligamiento entre las necesidades de los estudiantes y los intereses de los entes rectores.

En el pasado, la Universidad Tecnológica de Panamá fue parte del campus Octavio Méndez Pereira; hoy en día, figura entre las mejores universidades del mundo. Ella no presenta este tipo de problemas, porque al momento de alcanzar su autonomía sus autoridades pusieron a los estudiantes como el centro de atención. La salida del régimen de corrupción del pasado que reinaba en la Universidad de Panamá debió acabar con la ineficiencia institucionalizada, pero parece que nos quedamos estancados, sin autoridades que pongan orden en medio de este caos. ¿Cuánto tiempo más permaneceremos callados?

El autor es estudiante de derecho


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