CORTE SUPREMA

La injusticia y el legalismo

La justicia panameña está en el despeñadero que la conduce al basurero de la historia. La inmoralidad de ciertos funcionarios del sistema judicial, entre ellos magistrados, jueces, fiscales, los cuales sin decoro ni apego a los valores éticos y cívicos, al vender sus fallos al mejor postor atentan contra los derechos humanos fundamentales.

Ángela Russo, en el reciente fallo de Finmeccanica, rompe todos los paradigmas de la jurisprudencia; olvidó que la justicia es ciega, solo que la nuestra tiene múltiples ojos, oídos y una enorme taquilla.

El fallo pone en evidencia que todas las actuaciones de la Corte Suprema de Justicia deben ser declaradas nulas por fallar con años de retraso. La justicia tardía no es justicia y menos cuando se aplica $electivamente. De allí el hastío público y rechazo a un sistema legal corrupto.

El legalismo se encarna con las argucias de procedimientos y normas establecidas para imponer la ley del encaje denunciada por Cervantes en Don Quijote de la Mancha. La impunidad como la inmunidad es la praxis, el cáncer que corroe la institucionalidad del Estado panameño.

La justicia se prostituye cuando, conscientemente, se aplica la ley conociendo que es inmoral. El clásico tener (riqueza) contra el ser moral es lo habitual. El dinero es el Dios del juega vivo, típico de una sociedad amoral. Cristóbal Colón lo proclama en la famosa Lettera Rarissima, con el oro se abren las puertas del cielo.

La ambición sin escrúpulos tiene a Martinelli preso en los Estados Unidos de América, nada aprendemos de la historia.

Diego Domínguez Caballero, mi inolvidable profesor de filosofía, en Después de la Invasión (2013) reflexiona sobre la moral y lo legal. Inicia con Kant, cuando afirma la moral no es la doctrina de cómo nos hacemos felices, sino cómo debemos llegar a ser dignos de la felicidad.

El predio abogadil está lleno de individuos inescrupulosos, los cuales olvidan al Quijote, que consideró a la justicia como la mejor de las virtudes.

Lo legal adquiere calidad humana cuando se fundamenta en lo moral, no hacerlo es traicionar el espíritu de la ley. La acción jurídica es válida si garantiza la seguridad, la libertad y justicia de la sociedad.

El abogado, al separar lo legal del entorno moral, manipula los recursos que le da la ley al favorecer a un imputado que sabe que es culpable. Los abogados y funcionarios que así proceden son sujetos de la mafia y el bandidaje, además son padrinos del crimen y la fechoría.

La insistencia en la formalidad de la ley se presta a cosificar al ser humano como un bien material, quitándole su dignidad como persona. Kant consideró que lo legal puede ser inmoral y el fallo de Ángela Russo, avalado por otros magistrados, lo es.

La demagogia académica de los magistrados y jueces la confronta magistralmente Jorge Fábrega P. en su libro Abogados y jueces a través de la literatura universal. La picardía y los laberintos de la ironía judicial los aborda con mordacidad. El ejercicio del derecho es un ejemplo de las debilidades y pasiones humanas.

La venalidad, artimañas, frivolidad y vicios de los jueces y abogados en los procesos enmarañados lo patentiza con crudeza y puntualidad. Los tecnicismos, dilaciones, los procedimientos de pruebas e infinitos aplazamientos son tácticas para engañar a los incautos, prácticas que hacen ricos a los abogados y jueces, ellos están encarnados y la carne es corruptible. Si se dan las reencarnaciones, la mayor ironía es que ellos sufran la burla a la que sometieron a sus víctimas.

La sociedad panameña está llena de los sepulcros blanqueados, los vemos y escuchamos en los medios cuando con la retórica de los sofistas nos hablan con cinismo de su supuesta rectitud, que nunca se han robado un real, y tienen razón, ellos roban millones no centavos.

Somos nuestro pasado, somos lo que hemos sido, podemos engañar a todo el mundo, pero en nuestra intimidad sabemos que somos unos farsantes.

Ángela Russo y demás magistrados nunca leyeron Crimen y Castigo, de Dostoyeiski, ni Rojo y Negro, de Stendhal, mucho menos El Quijote, desconocen lo que es el sentimiento de culpa.

Les recomiendo que vayan a Portobelo donde está el Naza, no resistirán su mirada, les quemará el alma, si acaso la tienen.

La ciudadanía militante reclama enviar a Punta Coco a los delincuentes de alto perfil, incluyendo a algunos magistrados, jueces y fiscales.

Me duele Panamá.

El autor es escritor


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