Cuando era niño, jugando en la calle, aprendí que el espíritu de un pacto entre amigos o equipos no valía nunca más que la intención de quienes lo suscriben, igualmente aprendí que todos los juegos tienen reglas que nunca valían más que la intención de los jugadores por cumplirlas. Los niños tramposos siempre encontraban razones, según ellos, válidas para justificar su trampa.
Luego en mi vida profesional, aprendí que el espíritu de un contrato no vale nunca más que la intención de los firmantes. Y, por supuesto, he aprendido que el espíritu de las leyes nunca vale más que la intención de quiénes las deben cumplir.
Así cómo en mi niñez había tramposos que justificaban sus acciones para tratar de aventajarse en los juegos, hoy existen personas, que quizás de niños ya eran tramposos, y que hoy han aprendido a encontrar las formas de lograr sus objetivos legalmente, aunque sean opuestos al espíritu de la ley.
Todas las instituciones son integradas y manejadas por personas, y son creadas con reglas y leyes, que incluyen a la Constitución de un país. La creación de las leyes e instituciones se circunscribe a varias condiciones, como una época o etapa en el tiempo y a situaciones puntuales socioeconómicas, entre otras. Lo que la ley diga, por más específica que sea su redacción, siempre puede ser interpretado de muchas formas; lo importante es que el espíritu de la ley siempre debe ir acorde a la ética. Es así que la ética siempre debe ir por encima de las leyes, pero la paradoja es que las leyes son las que están escritas y la ética no.
En Panamá tenemos un grave problema de institucionalidad, pero las instituciones están conformadas por personas. Aplicando esta lógica, observamos que las instituciones no son las que fallan, fallan las personas que forman parte y dirigen la institución.
Cualquier persona que trate o logre darle vueltas a las leyes y acomodarlas a su favor, para cumplir objetivos que lo beneficien personalmente en perjuicio de la voluntad o intereses de los demás, es un tramposo.
Para cambiar las instituciones y cambiar las leyes, primero debemos cambiar a las personas tramposas que dirigen las instituciones y hacen las leyes.
Por eso, #NoALaReelección
#TodosSomosUno
El autor es empresario