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Intentar algo nuevo

Intentar algo nuevo
La inflación es uno de los retos de Argentina.

La reciente victoria del economista Javier Milei en las elecciones presidenciales argentinas ha dado mucho de qué hablar. En nuestro subcontinente el triunfo de un hombre con las ideas abiertamente neoliberales del señor Milei era, para muchos de nosotros, impensable y, sin embargo, sucedió, confirmando así que estamos en la década en la que lo imposible está a la vuelta de la esquina.

No ponderemos en detalle las ideas del presidente electo, y menos desde un punto de vista normativo. Baste decir que, en lo enunciativo, representan un cambio radical con generaciones de tradición política y económica no sólo en la Argentina sino en América Latina y ya eso es un rompimiento histórico de magnitudes transformacionales. Estamos en presencia de un hombre que, sin empacho alguno, y con un nivel de articulación que no puede ser más que el producto de muchos años de reflexión y estudio, está proponiendo entre otras cosas la reducción radical del estado y la liberalización a ultranza de una economía que ha sufrido por décadas el peso de ese estado ineficiente y ruinoso.

En las primeras décadas del siglo pasado, Argentina era uno de los países más ricos y prósperos del planeta (de ahí la belleza única de la textura urbana de Buenos Aires); ya esto se ha dicho en tantas partes y de tantas maneras que es casi un cliché en el estudio de la historia de América Latina. Y es esa conciencia histórica que Milei trae consigo (“hoy comienza el fin de la decadencia argentina”) un aspecto tan interesante como sus ideas puramente económicas. En el fondo, Milei suena como un hombre con una misión: respuestas y propuestas nuevas para problemas muy viejos.

No va a ser fácil, y si la historia de nuestro rincón del mundo nos sirve de guía, las probabilidades están en contra del Sr. Milei. Llevar a cabo su programa económico equivale a luchar contra intereses y modos de hacer las cosas que han crecido por un siglo. Es, literalmente, una labor titánica. Desconocemos su capacidad ejecutiva, cuánto durará la Luna de Miel con la mayoría que lo eligió, y nunca desestimemos el rol de la suerte en las grandes (y pequeñas) empresas humanas. Pero si ese programa, más allá de las estridencias, se cumple, aunque sea parcialmente, nuevas perspectivas se abrirán para nuestro continente porque se demostrará que sí se pueden hacer las cosas de modo diferente.

El autor es financista.


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