HURACÁN HARVEY

Las inundaciones... y los mosquitos

En Estados Unidos, la respuesta a los huracanes Harvey, Irma y María fue simple y heroica. Recorrí las áreas más afectadas en Texas y encontré servidores públicos actuando frente a este desastre natural sin precedentes. Como ex comandante general del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, y tras haber encabezado tareas de recuperación en casos de desastres, he visto la resiliencia del pueblo estadounidense. No cabe duda de que las comunidades de Florida, Texas y Puerto Rico se van a reconstruir.

Lo que me preocupa es la falta de atención a una amenaza inminente. Esta amenaza existe en la forma de un mosquito: el Aedes aegypti, principal transmisor de zika, dengue, fiebre amarilla y otras enfermedades.

El año pasado, la crisis del zika dejó entrever el daño que este mosquito puede causar. Puede beneficiarse de la agitación de los ambientes urbanos, pero rara vez lo consideran una cuestión prioritaria de salud pública cuando se evalúan los daños tras un desastre natural. Sin embargo, debería serlo: el Aedes aegypti se desarrolla muy bien en zonas metropolitanas y la preferencia de sus hembras para asegurar la sangre necesaria para producir huevos fértiles ha llevado a que se críen en nuestros hogares, oficinas, escuelas y alrededores. Los huevos necesitan solo onzas de agua para que nazcan las larvas, esto hace posible que prospere en un medioambiente azotado por un huracán.

Las investigaciones demuestran que las enfermedades transmitidas por mosquitos aumentan en un período de 18 meses después de los huracanes. El Dr. Peter Hotez, decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical en la Universidad de Medicina Baylor, en Texas, advierte que los lugares de reproducción y la población de los mosquitos aumentarán cuando la crecida de las aguas disminuya. Tras el huracán Katrina, los casos de virus del Nilo occidental aumentaron considerablemente en las regiones de Louisiana y Misisipi.

A medida que la gente comience a reconstruir sus vidas, esta especie empezará a cobrar un precio considerable. En el transcurso de los próximos meses y años puede volverse tan peligrosa para las personas como las tormentas mismas.

Mientras el Congreso se prepara para financiar las tareas de reconstrucción, es necesario tomar medidas para combatir la creciente amenaza de los mosquitos y contribuir a atenuar los problemas de salud que acarreará a largo plazo.

Nuestra respuesta actual, fumigaciones, y publicación de carteles de advertencia, difícilmente aprovechan las herramientas del siglo XXI que necesitamos para conseguir una victoria decisiva. Necesitamos una estrategia nacional liderada por las autoridades federales y estatales.

Es hora de establecer un centro nacional para el control del vector, un grupo de coordinación que administre y fortalezca medidas para el control del mosquito. La nueva legislación introducida en el Congreso lo pone de relieve como una prioridad, pero la financiación es fundamental. Este nuevo centro también puede coordinar las tareas de control posteriores a un desastre.

El Congreso debe proporcionar los recursos para realizar mejoras en nuestra infraestructura en los estados más golpeados por los huracanes, que también son los más afectados por el mosquito. En 2016, el Congreso aprobó una asignación complementaria de 1.1 mil millones de dólares, pero fue poco lo que se destinó al control del vector y prácticamente nada para nuevas herramientas que permitan combatirlo.

No obstante, una suma considerable de esa asignación se destinó al desarrollo de una vacuna que tardará años en crearse, sin saber si será exitosa.

Debemos llevar al mercado las innovaciones comprobadas. Mi experiencia es que las agencias federales encuentran el modo de trabajar con celeridad para proporcionar a las comunidades el apoyo que necesitan. La burocracia prácticamente desaparece. Desafortunadamente, son años de demora en dar aprobación a soluciones innovadoras. La falta de medidas expeditivas por parte del gobierno federal limita el acceso que tienen las poblaciones amenazadas a las innovaciones.

Mientras tanto, continúan las fumigaciones con insecticidas para contraatacar la proliferación de los mosquitos. En colaboración con los funcionarios locales, debemos esforzarnos por actualizar nuestras herramientas y modernizar el modo en que manejamos las intervenciones.

Mientras fortalecemos nuestras capacidades para responder ante los desastres, debemos apuntalar los esfuerzos para prevenir los brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos que comúnmente surgen tras el desastre.

El autor es vicepresidente sénior, sector de medioambiente de Intrexon.


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