Dice la ministra de Trabajo que «tenemos que hablar en positivo... no hablemos más de desempleo, hablemos del empleo que estamos generando», haciéndonos recordar, ahora que nos traen el circo del Mundial de Fútbol, al viejo Louis van Gaal, que regañaba a la prensa deportiva de fin de siglo y milenio con su mítica frase «¡tú siempre negatifa, nunca positifa!». Será que nos tienen preparada una sorpresa, un gol minero por la escuadra, que será, sin duda, pan para hoy y hambre para mañana.
Otro rofión —porque sugerirle al ciudadano que hable de lo que uno quiere no es otra cosa que roféo pasivo-agresivo— ha resultado ser el Contralor, que llama «botellas» a los de la bancada Vamos —que siguen perdidos en su laberinto— por asuntos de asistencia o no a su puesto de trabajo. Ver a la diputada Alexandra Brenes grabar un viernes los despachos vacíos de la Asamblea, con los problemas que tiene el país, es otra oportunidad para despertar del sueño en el que estamos inmersos.
El presidente, rofión máximo de la República, sigue instalado en su estilo frentista, que ya ha advertido que no va a cambiar, continuando con la saga de rofiones de Las Garzas, demostrando que imponer realidades siempre es más fácil que construirlas, y que nos tienen bien amaestrados: ante el grito del amo, del golpe en la mesa, lo negatifo se hace positifo, «lo digo yo y se hace realidad», como decía Lola Flores.
Pintan de rojo un avión, cargan allí a jugadores y los mandan a Estados Unidos, a celebrarles el Mundial a los que tienen inmerso al mundo en este caos, pero MiCultura nos decía que este año, hace 170, ocurrió El incidente de la tajada de sandía, que «hoy valoramos nuestra historia y fortalecemos el compromiso de preservar la memoria que nos une», pero ¿a qué nos une? Todo es un disparate, pero siempre “positivo”, claro, como si eso generara el trabajo que falta.
El autor es escritor.

