Septiembre es el mes de los océanos en Panamá desde hace más de dos décadas. Es una iniciativa que nos recuerda cuán importante es conservar nuestros mares y océanos. La celebración incluye diversas actividades lideradas por organizaciones ambientalistas, entidades gubernamentales y ONGs. El público objetivo es diverso, comprendiendo niños, adolescentes y adultos. Pero… ¿este tipo de iniciativas logra concientizar al público para la conservación de los mares y océanos?
Panamá es un país marítimo. Cuenta con 2,988.3 kilómetros de costa, con 1,700.6 km en el Pacífico y 1,287.7 km en el Caribe. Hay comunidades costeras que se dedican a la pesca y al turismo. Son las primeras en afrontar los desafíos que impone el océano. La mayoría de estos retos fueron y son generados por nosotros mismos, directa o indirectamente. Es por ello que el reto de conservar los océanos es tarea de todos.
De las actividades más populares, destacan las limpiezas de playa. En estas limpiezas convergen ciudadanos, principalmente, jóvenes, para recoger grandes cantidades de desechos sólidos que provienen de los ríos y que llegan a la línea costera. Subrayo que la limpieza de playas no es la solución. Pero, dependiendo de cómo se enfoque el problema, puede incentivar a las personas a hacer una mejor disposición de sus desechos, a lograr una “segunda vida” para sus artículos y a optar por nuevas alternativas que permitan un manejo ambientalmente más amigable.
Se hace evidente que la educación es parte vital de la solución. Las charlas pueden fomentar un cambio si son acompañadas por dinámicas que instan a las personas a ser creativas y las animan a cambiar los hábitos que mantienen.
Un motor natural del cambio es la juventud. Según cifras del Ministerio de Ambiente, el 65% de los jóvenes panameños consideran que la protección de los océanos es una prioridad ambiental. Es evidente que hay una sensibilización de la población más joven sobre la importancia de cuidar los mares. Cada vez, son más los jóvenes que alzan su voz y lideran iniciativas sobre la conservación de los océanos. Abundan los reels y los posts hechos por jóvenes que se enfocan en temas de conservación marina a través de canales de divulgación masiva, como Instagram y TikTok. Logran, con ello, tener mayor alcance sin que sea necesario que el público en general acceda a bibliografía científica compleja. Impulsan a las personas a participar en actividades como la siembra de propágulos de manglar; esnórquel en arrecifes de corales; y avistamiento de fauna marina. Siempre en la coordinación y ejecución de estas actividades deben contar con un profesional que conozca de la materia.
Aunque Panamá ha avanzado en la promoción de actividades de conservación, aún queda un largo camino por recorrer. Una de las áreas que requiere más acción es la fiscalización de las zonas marinas-costeras, en especial, las áreas marinas protegidas. El gobierno tiene un papel crucial en la protección de los océanos. Es vital que se invierta más en la vigilancia, promoviendo el uso de tecnologías avanzadas, como drones y satélites.
También es crucial que se fortalezcan las alianzas público-privadas para financiar proyectos de conservación marina, involucrando a las empresas en la protección de los recursos de los que dependen. No se trata sólo de cumplir con la ley, sino de crear una cultura de responsabilidad ambiental. Por tanto, es crucial que se continúen fortaleciendo las políticas públicas, se gestionen las áreas protegidas y se fomente la participación de la ciudadanía.
Como ciudadanos, tenemos el deber de exigir un mejor manejo de los recursos ambientales. Debemos demandar más transparencia en la gestión de los proyectos de conservación y participar activamente en iniciativas locales. El Mes de los Océanos es un recordatorio anual de la riqueza natural que rodea a Panamá y de nuestro deber de protegerla. La juventud juega un rol fundamental en la divulgación y en la acción directa para la conservación marina. Si todos hacemos nuestra parte, podremos asegurar que las futuras generaciones disfruten de océanos sanos y resilientes.
La autora es egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana.
