El 9 de octubre de 2012, en su discurso de ingreso como miembro de número a la Academia Panameña de la Lengua, Juan David Morgan González leyó un ensayo titulado: La novela histórica: ¿Autenticidad o verosimilitud?. Al final podemos leer: “Creo que la era que nos ha tocado vivir, más que ninguna otra, estimula en nosotros el anhelo de recuperar los días mejores de un pasado en el que la cultura todavía constituía una aspiración común de los hombres y los pueblos”. Para el escritor existe una “urgente necesidad” de refugiarnos en el pasado.
La novela histórica es el refugio donde se reflexiona, cuestiona y construye la identidad nacional. Para Morgan, la autenticidad histórica es un deber ético del escritor. Su propuesta, cercana a lo que él mismo denomina “historia novelada”, prioriza la investigación rigurosa y el apego a los hechos verificables. El trabajo novelístico de este autor refuerza el conocimiento histórico del lector, además de fortalecer la mirada de la identidad nacional mediante un pasado narrado con fidelidad, donde la ficción no traiciona la verdad.
La identidad no es un hecho estático, sino un proceso en constante revisión, que se explora desde lo marginal, lo local, lo cotidiano, lo histórico y la literatura para reflexionar sobre la panameñidad. Morgan insiste en la necesidad de un relato creíble que afirme la memoria colectiva. La deconstrucción de ese relato para revelar sus múltiples significados desde la ficción es un trabajo que requiere esfuerzo de investigación.
La riqueza de la novela histórica reside en la tensión entre el respeto por lo ocurrido y la necesidad de imaginar lo que pudo ser. La historia es un proceso en constante movimiento y cambio que se renueva como un espejo activo en el que los pueblos buscan reconocerse y, en el proceso, comprenderse mejor. La novela histórica tiene ese objetivo de ayudar a comprender.
Juan David Morgan nos recuerda que la literatura surge de la tradición oral, donde ya existía una mezcla de realidad y ficción, y que la novela histórica se consolida, como género, con Walter Scott en el siglo XIX, seguido por autores románticos y realistas como Víctor Hugo, Alejandro Dumas, León Tolstói, Benito Pérez Galdós, entre otros.
Para Juan David Morgan existen varios tipos de novelas con elementos históricos: novelas que narran fielmente eventos históricos; novelas que usan la historia como telón de fondo; obras basadas en investigación rigurosa, con diálogos y detalles menores ficticios. La autenticidad y la verosimilitud son componentes de la novela histórica. Se requiere fidelidad a los hechos y al contexto histórico. Aunque no sea estrictamente histórica, la verosimilitud es importante para que el relato sea creíble.
La investigación histórica es fundamental para lograr autenticidad por eso el novelista debe documentarse como un historiador, aunque con mayor libertad creativa. La imaginación es el nombre de la libertad y la verdad. La imaginación del escritor se nutre de la realidad y en el caso de la novela histórica existe una ética que es compatible con la imaginación. Para Morgan la ética del escritor exige respetar los hechos cuando se pretende transmitir conocimiento histórico.
Observa Juan David que, aunque autores como Ortega y Gasset, Alessandro Manzoni y Georg Lukács han cuestionado la viabilidad del género, argumentando que la ficción desvirtúa la historia y viceversa, este reconoce que el género es controversial pero defiende su valor cuando se equilibran rigor histórico y calidad literaria. El escritor piensa que en el fondo palpita un tema de creatividad: el novelista, por definición, se alimenta de la ficción que le permite dar rienda suelta a su imaginación.
Para el autor de Fugitivos del paisaje (1992), Entre el cielo y la tierra (1996), Con ardientes fulgores de gloria (1999) y El caballo de oro (2005), la novela histórica permite recrear el pasado y fomentar la identidad cultural. Su auge responde a un deseo de refugiarse en un pasado percibido como más auténtico, especialmente en una era dominada por la banalización cultural. Morgan ve en el género una herramienta para que los panameños conozcan y valoren su historia.
Morgan aboga por una novela histórica auténtica, que combine el rigor investigativo con la calidad narrativa, para ofrecer al lector una experiencia tanto formativa como estéticamente gratificante. Rechaza las obras que falsean la historia por conveniencia narrativa, pero reconoce que el grado de licencia creativa depende de la intención del autor: entretener o educar.
Algunos novelistas panameños que han escrito novelas históricas, ya sea con fondo histórico o con elementos históricos son Joaquín Beleño, Alfredo Cantón, Justo Arroyo, Gil Blas Tejeira, César Candanedo, Héctor Rodríguez, Rosa María Britton, Ernesto Endara, Rogelio Guerra Ávila, Rafael Ruiloba, Luis Pulido Ritter, Gloria Guardia, Tristán Solarte, Jilma Noriega de Jurado, entre otros.
Juan David Morgan forma parte de esta lista de novelistas que han aportado al conocimiento de la historia panameña. Autores que son espejo y recreación de la identidad nacional. Estamos sintonizados con Juan David Morgan cuando dice: “El escritor de novelas históricas tiene que ser, antes que nada, un novelista y en su materia prima fulgurará siempre la poesía”. Quizás entre la imaginación, la verdad y la poesía vive la patria.
El autor es escritor.

