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Juan Diego Vásquez, CNN y la desigualdad

Prestándole atención a la entrevista del diputado independiente Juan Diego Vásquez en CNN, de alguna manera su mensaje lo asimilé por momentos al de Saúl Méndez. Maniobrado de alguna manera por un entrevistador algo sesgado ideológicamente, sin ser su intención probablemente, pero muy profesional e inteligente. Vásquez critica las privatizaciones o concesiones como fundamento de la desigualdad, incluyendo el periodista el elemento de que la distribución de la riqueza en Panamá es injusta. Según Vásquez, esas privatizaciones ayudaron a que, en algún sentido, la economía panameña creciera. Crecimiento que solamente beneficiaría a los que dirigían el tipo de negocio involucrado, no así al panameño de a pie, de la clase trabajadora que no termina de “alcanzar esa riqueza” y aquí hago un paréntesis.

¿Cuál es el mensaje de Juan Diego Vásquez con esta afirmación? ¿Estará diciendo que los panameños no somos iguales en lo relativo a la generación de ingresos personales? ¿Se referirá a eso? Luego involucra a las comarcas, los barrios y los poblados en el interior, agregando que “han quedado olvidados”. Esto es cierto, pero en el contexto del despilfarro gubernamental de los fondos públicos que impide crear la infraestructura, los centros de salud, las escuelas e invertir en recursos que permitan a estos grupos vulnerables tener una mejor calidad de vida. Vuelve el periodista a involucrar el hecho de que en Panamá se gobierna por los intereses de los grupos poderosos, lo que denominaría atinadamente Guillermo Chapman Jr., el capitalismo de “amiguetes”.

Frente a esta interesante coyuntura, me permito tomar en cuenta tres factores en la ecuación que son: sistema político, modelo económico y naturaleza humana.

El sistema político panameño es democrático (aunque muy imperfecto). El modelo económico es un capitalismo distorsionado y patrimonialista ante la distribución de concesiones, contratos ley y la falta de instituciones fuertes. Y la naturaleza humana, políticamente hablando, es “jugar vivo”. La democracia, con todas sus imperfecciones, es el mejor sistema de gobierno, así que en lugar de reemplazarla debe perfeccionarse.

El capitalismo deformado debe ser ajustado a lo que denomina Chapman Jr., una “economía del bienestar en un esquema político de libertad y democracia”. Agrego un capitalismo humanizado no necesariamente para que todos seamos “iguales”, pero que todos vivamos bien, aunque algunos tengan poco o mucho más que otros. O al menos para evitar que la desigualdad sea tan marcada.

Pero el tercer factor, la naturaleza humana, es el que distorsiona todo. Porque la corrupción, la falta de transparencia y de rendición de cuentas, la mediocridad gubernamental y el derroche de fondos públicos no tienen ideología, clase social o inclinación política. La mayor generadora de pobreza es la corrupción, porque ésta le quita al Estado los recursos en perjuicio del ciudadano. Y el más vulnerable será el más perjudicado. Es cuando el ciudadano profesional medio decrece, el medio bajo se empobrece y el pobre muere de hambre. Porque al final, la real aflicción social no es la desigualdad; es la pobreza. El estribillo de la desigualdad ha escondido a la pobreza como el flagelo a evitar y contener. Y es en aquel estribillo en el que se aprovechan las fuerzas oscuras para llegar al poder y convertirnos a todos en “iguales” (como en Cuba, Venezuela o Nicaragua). Así que mucho cuidado en caer en modelos donde todos seremos “igualmente pobres” (excepto la élite del partido).

El problema de fondo en Panamá, como queda dicho, es la corrupción, el derroche de fondos públicos y una burocracia excesiva e inoperante. Y mientras esto siga así, nunca habrá tiempo para beneficiar o apoyar a los menos privilegiados.

Me llamó la atención la afirmación del diputado Vásquez cuando involucró el triunvirato de la delincuencia organizada, políticos corruptos y empresarios inmorales, “desde 1903″. Y puede tener algo de razón, porque algunos de nuestros pasados mandatarios, incluso antes de 1968, no fueron ni son ejemplo a seguir. Pero nuestra encrucijada del caos es hoy, por lo que no olvidemos que quienes nos gobiernan ahora no son los próceres de la República, los expresidentes de la oligarquía o los títeres de los militares. Son muchísimo peores.

El autor es abogado


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