A primera vista, el título de esta reflexión asocia dos elementos aparentemente disonantes. Sin embargo, como se verá a continuación, están más próximos de lo que el lector podría imaginar.
Comencemos con Judas Iscariote, personaje asociado con la traición, cuya figura aparece en Los elegidos, serie televisiva que estrenó su cuarta temporada en Panamá el pasado mes de abril. A diferencia de muchas producciones cristianas, esta serie ofrece una visión novedosa al revelar la psicología y relaciones internas del grupo de seguidores de Jesús. En una escena significativa, Judas sostiene un diálogo con Simón el Zelote en el que expresa sus inquietudes utilizando un lenguaje empresarial moderno. Habla de “ceder acciones”, “tener más fondos”, “maximizar el tiempo y los recursos”, “rapidez y eficiencia”, “acumulación de recursos y poder”. Estas frases reflejan su propuesta de dinamizar el ministerio de Jesús como si se tratara de una empresa.
Frente a esta lógica utilitarista, Simón concluye: “Sí, Judas, eres estudiado, pero no eres sabio”. Así, los guionistas delinean a Judas como el hábil mánager moderno, eficaz y pragmático, pero incapaz de captar la verdadera dimensión espiritual y transformadora de su maestro.
Pasemos ahora al segundo elemento: la geoingeniería solar. En su pódcast Vida en el planeta, Radio Francia Internacional abordó este tema en una entrevista con Alex Godoy, profesor asociado en la Universidad del Desarrollo de Chile. Godoy explicó que la geoingeniería solar consiste en inyectar aerosoles en la estratósfera para reflejar la luz solar, imitando los efectos de erupciones volcánicas como la del Monte Pinatubo en 1991, que redujo la temperatura global en 0.5 grados Celsius durante un año, según publicó la revista Nature en 1995.
El interés en este tipo de soluciones creció a partir de 2015, ante la aceleración del cambio climático. Sin embargo, Godoy advierte que se trata de una maniobra riesgosa, con potencial para provocar efectos inesperados e irreversibles. Por eso, en 2022, más de 400 científicos de 60 países firmaron una carta solicitando su prohibición preventiva, apelando al principio de precaución.
Silvia Ribeiro, periodista de investigación y asesora de la plataforma HOME (Hands Off Mother Earth), denunció en ese mismo espacio los experimentos del proyecto SCOPEX, impulsado por Bill Gates en 2019, que consistió en liberar carbonato de calcio y sulfato desde un globo en Suecia para reflejar la radiación solar. Algo similar ocurrió en México, cuando la startup Make Sunsets liberó dióxido de azufre sin autorización. Ambos proyectos fueron suspendidos tras las protestas de las comunidades locales.
A pesar de las advertencias, otros multimillonarios como Jeff Bezos (fundador de Amazon) y Sam Altman (director de OpenAI y creador de ChatGPT) han mostrado interés en este tipo de intervenciones. Altman declaró en el Foro de Davos de 2024 que el crecimiento de la inteligencia artificial multiplicará por seis la demanda energética, agravando el cambio climático, pero que la geoingeniería permitirá mitigar sus efectos. En otras palabras, se plantea mantener el modelo basado en combustibles fósiles y sobreconsumo energético, confiando en que una nueva tecnología podrá “aliviar” las consecuencias sin modificar las causas.
Este es el llamado sueño tecnosolucionista de Silicon Valley: enfrentar los problemas generados por la tecnología con más tecnología, evitando toda transformación estructural y ética.
En conclusión, el espíritu oportunista y desmedido de Judas Iscariote sigue presente hoy, encarnado en ciertos liderazgos tecnológicos que, guiados por el afán de lucro, impulsan iniciativas como la geoingeniería solar sin atender principios como la justicia climática ni reconocer que el clima es un bien común de la humanidad.
El autor es docente universitario.
