Miraflores, Teatro 6A. 4:00 p.m. Diluvia. El cielo llora de alegría. Hay una extraña algarabía entre rayos y centellas. Son 45 gotas de tu sangre, madre. 45 jóvenes, entre 15 y 27 años sortearon obstáculos, retos y compromisos. Trabajaron duro. Son tan distintos. Son tan iguales.
Era verano. Llegaron los aliados de Chile y en una ceremonia alegre, se inicia el Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana (LIIC). Es un sueño con sabor a Antigua y sus empedradas calles. Cruzábamos al Centro de Convenciones con Mirentxu Anaya, de Educación 2020, cuando nos preguntamos “¿Qué podemos hacer con los chicos?”. Nos referíamos a Jóvenes Unidos por la Educación. El resto es historia.
Tras visitar tres países, escogen a Panamá. Aparentemente, disímiles, nos parecemos mucho. A pesar de tener los ingresos por habitante más altos de la región, Panamá y Chile son países muy desiguales. Es la educación un desafío pendiente. En el caso de nuestro sistema formativo, es un reto de urgencia notoria. No nos proponemos transferir conocimientos entre pares gubernamentales. La tarea es mayor. Es formar líderes con capacidad de incidencia.
¿Cómo lograrlo? Diseñamos una agenda compleja e integradora de las mejores capacidades de las organizaciones y de los países en una experiencia de cooperación sur sur. Chile, con su amplia experiencia en incidencia ciudadana que da pie a cambios normativos de alto impacto, y Panamá, con la responsabilidad de formar a quienes deberán trascender en asumir el mayor reto desde la reivindicación del Canal: el acceso a educación incluyente y de calidad para todos.
La Ciudad del Saber se llena de risas juveniles. Llegan los chiricanos viajando de madrugada. Salen a su encuentro representantes de siete provincias, jóvenes líderes que abandonan su zona de confort y emprenden el camino de aprender, haciendo, creciendo en la convivencia y en el reto personal, mejorando como personas y como agentes de cambio.
Profesores y especialistas de ambos países los forman en competencias, conocimientos, habilidades blandas y destrezas.
Entregan al país nueve proyectos que abordan temas trascendentes, como deserción escolar, madres mentoras, educación ambiental, educación sexual y metodologías de enseñanza. Usan el método científico, hacen proyectos de campo y prueban sus hipótesis con indicadores de impacto. Algunos escenarios son el IPT Juan Díaz, el Instituto Rubiano, el Centro Regional Universitario de Azuero, la Facultad de Enfermería de Udelas, el colegio Félix Olivares Contreras, en David; la escuela Domingo F. Sarmiento en Palmira, Chiriquí; la UTP, la comunidad koskuna de Veracruz y el Primer Ciclo Tocumen.
45 jóvenes nos demuestran que sí se puede cambiar el statu quo con energía, enfoque y un capital semilla de 500 dólares por grupo. Lanzan al país el reto de igualarlos en efectividad. El desafío es dar similar oportunidad a cientos de jóvenes quienes, al igual que los miembros fundadores del LIIC, tienen el potencial de ser los agentes de cambio que el país necesita. Asumamos el desafío. Panamá requiere emprendedores sociales. En la juventud está el cambio.
La autora es parte de Unidos por la Educación