Hoy es un día memorable para Panamá y para el mundo. El 15 de agosto de 1914, el paso del buque Ancón por el Canal de Panamá inaugura oficialmente la vía interoceánica. Ese día, Panamá, cuyo territorio se divide en dos para unir al mundo, cambia de manera dramática la historia del comercio mundial y, por supuesto, su destino como nación.
El Canal de Panamá es la obra de ingeniería más importante de la época y un factor decisivo para la geopolítica mundial. Gracias a su construcción, se saneó el país de enfermedades como la fiebre amarilla y la malaria, se construyeron dos lagos artificiales que a la fecha permiten el abastecimiento de agua de la ciudad y se logró consolidar nuestra nacionalidad.
Gracias al Canal, hay una memoria histórica que nos enorgullece, que enseñó a los panameños a sentir y a vivir la nacionalidad panameña, como lo fue la siembra de banderas o la gesta del 9 de enero.
El Canal de Panamá es la memoria de más de 75 mil personas que trabajaron en su construcción, 27 mil almas que dieron su vida y miles de panameños que lucharon por la reivindicación de la soberanía panameña en la Zona del Canal.
Como jóvenes, tenemos la obligación histórica de salvaguardar la herencia que hemos recibido. Ver los barcos pasar por el Canal sin tener una memoria de lo que ha costado es una deuda con intereses muy caros para la juventud y para el país.
Nuestro primer compromiso como juventud es conocer y honrar nuestra historia y a sus protagonistas. Jóvenes Unidos por la Educación, consciente de la inmensa responsabilidad de la juventud en el futuro del Canal de Panamá, ha coorganizado, con la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), una actividad de trascendencia histórica que incorpora la visión de los protagonistas de la historia con las inquietudes de la juventud panameña, en un hito histórico, hoy, 15 de agosto, cuando se cumplen los 103 años de la vía interoceánica.
Nos toca como generación hacer frente a los retos y oportunidades que implica tener el Canal en manos panameñas. Nuestro rol es fundamental en lo ambiental, especialmente en el uso y protección de nuestras fuentes hídricas, pues la sostenibilidad de la vía depende de la producción de agua, en especial, ante el cambio climático.
El imaginario colectivo debe tener como bandera responsabilizarnos de este patrimonio nacional. Es indispensable impulsar y levantar la voz por una educación de calidad para todos a fin de garantizar su eficiente administración en el futuro.
Es vital conectar a toda la población al desarrollo nacional y a las oportunidades que ofrece la ampliación de la vía interoceánica. Iniciativas como Jóvenes Unidos por la Educación y Enseña por Panamá son ejemplos de jóvenes que han tomado acción para lograr estos objetivos.
Debemos reflexionar como juventud sobre la seriedad del compromiso que cada uno de nosotros estamos asumiendo para el futuro del país. Jugamos un rol fundamental cuando protegemos el ambiente, participamos activamente en proyectos sociales y somos garantes de la correcta gestión de los recursos del país.
El significado del 15 de agosto no es solo un hito histórico, es un espacio de reflexión y, más aun, un llamado a la acción: comprometámonos a garantizar su sostenibilidad en el tiempo, un deber intergeneracional que debemos acoger con seriedad y visión de futuro. Apostemos a construir un mejor país, a través de la educación, a fin de incorporar a todos los panameños a la prosperidad que nos brinda el Canal para construir el país de oportunidades que todos soñamos.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación