Desempleo

Juventud panameña: entre la esperanza y la frustración

Gobierno, empresas, instituciones educativas y sociedad civil deben asumir un compromiso real con la juventud. No bastan los discursos ni las ferias de empleo: las oportunidades deben ser reales, accesibles y dignas.

Es frecuente escuchar que “la juventud es el futuro del país”. ¿Qué pasa cuando ese futuro no llega como esperamos? La falta de empleo digno y la desconexión entre la educación y el trabajo son cada vez mayores. Los escasos espacios de participación hacen que muchos jóvenes se sientan en un círculo vicioso.

Los testimonios son reales: “Llevo meses enviando hojas de vida sin recibir respuesta”. “Sobrevivo con lo que me queda de mi liquidación y con trabajos informales”. Somos rápidos para juzgar, pero lentos para comprender que cada paso también es progreso. La juventud es un recurso valioso para el desarrollo de un país, pero también uno de los más vulnerables. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), entre agosto de 2023 y octubre de 2024, el desempleo juvenil (15 a 29 años) pasó de 15.4% a 17.8%, alcanzando 23.4% entre las mujeres jóvenes. El desempleo general aumentó de 7.4% a 9.5%, mientras la informalidad laboral llegó al 49.3%, la más alta en 20 años.

Según el Banco Mundial, la tasa de desempleo juvenil entre 15 y 24 años alcanza el 16.75%, mientras que la participación laboral juvenil en 2023 fue de solo 42.7%. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) reporta que el desempleo juvenil en América Latina y el Caribe alcanzó 13.8% en 2024, casi el triple que los adultos. Panamá se encuentra entre los países más afectados junto a Uruguay (28.1%), Costa Rica (23.3%), Colombia (20.6%) y Chile (20.1%).

La población de jóvenes que ni estudian ni trabajan —los “ninis”;— aumentó de 238,851 a 252,894 entre agosto de 2023 y octubre de 2024. El 25% de los jóvenes entre 15 y 29 años se encuentra en esta situación, siendo el 64% mujeres. A nivel global, 267 millones de jóvenes carecen de empleo, educación o formación, según la OIT.

Aunque no existe un registro desagregado reciente sobre el acceso a la educación por género, fuentes del Banco Mundial sugieren que la participación femenina entre los jóvenes es considerablemente menor. Solo 2 de cada 10 jóvenes logran obtener un título universitario, lo que provoca que quienes no alcanzan estudios superiores terminen en empleos informales o precarios, con ingresos hasta un 74% menores con respecto a quienes poseen un mayor nivel académico.

Los jóvenes pueden adquirir experiencia con el voluntariado. Este espacio brinda la oportunidad de desarrollar habilidades, ampliar redes de contacto y fortalecer su perfil profesional. Implica un sacrificio personal: gastos de movilización, alimentación y tiempo, que, en la mayoría de los casos, provienen de sus propios bolsillos. Si bien el voluntariado representa una valiosa puerta de entrada al mundo laboral, debería estar acompañado de mecanismos de apoyo institucional que contribuyan a cubrir estos gastos básicos.

Las ferias de empleo representan para muchos jóvenes una esperanza de conseguir su primera oportunidad laboral. Son frecuentes los testimonios de frustración y desánimo al descubrir que muchas de las vacantes ofrecidas no existen, o que los procesos se limitan a recolectar hojas de vida sin seguimiento alguno.

Las empresas deben asumir un compromiso: si deciden participar en estos espacios, que sea con ofertas reales, procesos transparentes y verdadera intención de contratar. Los jóvenes que asisten buscan una oportunidad para demostrar su talento y comenzar su desarrollo profesional.

Es momento de que el gobierno, las empresas, las instituciones educativas y la sociedad civil asuman un compromiso real con la juventud panameña. No bastan los discursos ni las ferias de empleo: las oportunidades deben ser reales, accesibles y dignas.

El voluntariado, aunque no sustituye un empleo remunerado, puede ser una puerta de entrada al mundo laboral. Los jóvenes necesitan apoyos concretos que les ayuden a superar las barreras sociales y económicas.

Detrás de cada joven que logra un empleo digno hay una historia de esfuerzo, esperanza y potencial que merece respaldo y respeto. Invertir en la juventud, en su educación y en su inserción productiva, no es una opción: es una responsabilidad colectiva y la base para construir un Panamá más justo, próspero y lleno de oportunidades.

La autora es integrante de Jóvenes Unidos por la Educación.


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