Del 6 al 9 de octubre de 2024, en Barcelona, España, se llevó a cabo el II Encuentro Iberoamericano del Sistema Iberoamericano de Redes Nacionales de Bibliotecas (SIRBI), bajo el lema “Acción Bibliotecaria por la Equidad y la Justicia”. Este evento fue organizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), y se realizó en alianza con el Ministerio de Cultura de España y el Consorcio de Bibliotecas de Barcelona.
Fue un espacio de reflexión académica y de intercambio de ideas y experiencias conformado por líderes de las redes y sistemas nacionales de bibliotecas públicas y escolares de los países iberoamericanos. El tema del encuentro no solo es interesante, sino que es de suma importancia y plantea una interrogación de base: ¿Cuál es la contribución real de las bibliotecas en la construcción y defensa de la equidad y la justicia?
En el encuentro hubo varios momentos en los que se dieron conferencias, mesas de diálogo, paneles de discusión y, como suelen ser los encuentros del Cerlalc, talleres para generar rutas y cartografías para acciones colectivas desde las bibliotecas que contribuyan a la equidad y la justicia a través de acciones puntuales.
Fueron de particular interés las intervenciones de Jeimy Hernández, quien en la presentación: Una mirada a las bibliotecas de Iberoamérica como impulsoras de la inclusión, la equidad y la justicia, dio una radiografía de la situación social de nuestros países y cómo estas brechas impiden las oportunidades y proyectos de vida. Urge reformular la cuestión de cómo las bibliotecas contribuyen a dignificar la vida y a construir sociedades más equitativas y justas. La lectura, la escritura y la oralidad, es decir, la cultura, se constituye en un derecho que corresponde al Estado garantizar. Sin embargo, urgen datos científicos, no intuiciones, ni esperanzas, que permitan tomar decisiones.
¿Cómo traducir el retorno social en beneficios para la comunidad? ¿Cómo hacer una reingeniería del espacio de la biblioteca más allá del libro para crear procesos que se relacionen con los problemas de la comunidad? ¿Cómo crear espacios de aprendizaje que vinculen a la biblioteca con los valores democráticos y de convivencia? La biblioteca como espacio comunitario, como espacio de procesos de construcción ciudadana.
La exposición del doctor Joaquín Rodríguez planteó la necesidad de contar con indicadores y evidencias que contribuyan a tomar decisiones en términos de educación que mejoren los hábitos de lectura. Datos que puedan ayudar a demostrar que efectivamente la cultura ayuda a cerrar las distintas brechas sociales. La expresión de que la escuela contribuye a crear igualdad de oportunidades, equidad y justicia, es una locución romántica e instintiva, porque la realidad es otra. El capital humano en las familias influye en las prácticas culturales que afectan directamente el hábito de la lectura, es una de las conclusiones de Rodríguez.
Por último, quisiera resaltar la conferencia inaugural de Jorge Larrosa, quien habló del Elogio de la alfabetización desde tres enfoques primordiales: la relación del alfabeto y el pensamiento, la relación del alfabeto y la memoria, y la relación de la lectura y la verdad. Empezó citando a dos filósofos que yo admiro con pasión: Paul Ricoeur y Emilio Lledó. Creo que el soporte filosófico del tema del encuentro radica en la reflexión que hizo Larrosa. Creo, también, tener la respuesta a una pregunta que hizo, al menos una parte de ella: ¿La biblioteca es la encarnación de qué? La biblioteca es la encarnación del relato.
Todo está implícito en el credo de Ricoeur: “La palabra es mi reino y no me ruborizo por ello”. Y es que Ricoeur, como buen hermenéutico, ya había reflexionado en algo: la historia como voluntad para rectificar los proyectos de vida. Si lo parafraseamos sería la utilidad de la palabra para edificar la vida. La acción social no es posible sin la imaginación y la palabra. La palabra es la posibilidad de construir un relato. Los seres humanos nos caracterizamos porque contamos historias. La acción social no es posible sin imaginación, dice Ricoeur. La biblioteca es el reservorio de la imaginación, la memoria, la historia y el relato humano. Es nuestro templo de fe.
Para Lledó la palabra “sugerir”, que es pura magia para Larrosa, alude a la idea de que la escritura, está construida, no solo de pensamientos, sino de emociones; está construida desde un infinito espacio donde todo el decir, todo el sentir, es posible. En su ensayo: La necesidad de la literatura, Emilio Lledó escribe: “La lectura, los libros, son el más asombroso principio de libertad y fraternidad”, por eso la biblioteca es el espacio donde la comunidad descubre el relato de la libertad, la justicia y la equidad.
Entonces, desde el lenguaje, la imaginación y el pensamiento; desde los elogios y las elegías del alfabeto, desde la relación simbólica de pertenencia y de identidad, desde los vínculos de los territorios con la biblioteca, desde los espacios vivos de convivencia que generan procesos, desde los saberes, los sentidos y las prácticas solidarias de cultura, desde la urdimbre del pensamiento que teje la realidad con los sentimientos, hagamos esfuerzos para que las bibliotecas sigan siendo la encarnación de la fe en la humanidad.
El autor es escritor