Panamá y El Salvador comparten un origen parecido sobre el origen de las pandillas y la agudización de la violencia cada vez más atroz.
En el caso de El Salvador, luego de la finalización de una lucha armada entre la guerrilla y los gobiernos de derecha que tomó años, se fueron conformando paulatinamente pandillas cuyos integrantes nacieron y crecieron con el horror de la guerra de manera especial en los barrios más empobrecidos.
En Panamá existe una hipótesis que sostiene que la proliferación de pandillas se da posterior a la invasión de Estados Unidos a Panamá también teniendo como contexto un escenario de guerra. Algunos atribuyen que la proliferación de pandillas se origina también cuando termina el monopolio sobre el control del negocio del narcotráfico que tenía la cúpula de la institución armada (Fuerzas de Defensa).
Sin embargo, de manera muy particular, todos los gobiernos “democráticos” que hemos tenido posterior a la invasión han tenido una visión distorsionada y fallida con relación al combate de la delincuencia y el pandillerismo. Las autoridades en materia de seguridad piensan que atacar el efecto sin mirar el origen del problema es la solución de la problemática.
Sin embargo, hemos visto que la delincuencia en Panamá sigue en aumento, así como lo es el problema del hacinamiento en las cárceles. Y ¿cuál ha sido la solución salomónica de todos los gobiernos? Aumentar el número de efectivos policiales y construir más cárceles.
En El Salvador existe un problema de seguridad pública mucho más serio que Panamá con el aumento de la criminalidad de las llamadas “maras” y cuyo presidente Nayib Bukele identificó como la prioridad de su acción represiva. Y ¿cuál fue su acción inmediata? La construcción de una mega cárcel para alojar a todo aquel con tatuaje o aspecto de pandillero. Pero realmente ¿así se acaba el problema de la violencia y la inseguridad?
En Panamá, la mayoría de los privados de libertad provienen de hogares conocidos como “disfuncionales” donde no se cumple con la transmisión de valores positivos y donde impera la violencia, así como la transgresión de las leyes hasta decir no más. La manera más fácil y rápida para obtener dinero es por medio del narcotráfico, sicariato, robo o cualquier otra actividad al margen de la ley.
Existe un mal llamado “programa de resocialización” donde se ofrecen estudios, cursos, charlas de motivación etc.. Pero esto solo ocurre en el marco de la “politización” para hacer taquilla y nada más. Las personas que se gradúan de las cárceles no obtienen trabajo de manera sencilla pues siempre vivirán estigmatizados por sus acciones. Tampoco hay un plan de seguimiento efectivo para las personas que obtienen la libertad. ¿Qué harán después con un título, con familia y sin trabajo? Desde luego que delinquir otra vez.
Existe una subcultura de la delincuencia muy fuerte en los barrios pobres sobre todo. Un jefe de pandilla vive con muchas comodidades y con dinero para marcar como un modelo a seguir. Los menores de edad infractores son cooptados por estas pandillas que ofrecen “protección” y dinero rápido si sigues las “indicaciones” del negocio.
Acaso las autoridades en Panamá no conocen acerca de los grandes traficantes de droga y jefes de pandillas? ¿Acaso los gobiernos que hemos tenido no manejan la información sobre la pobreza que cada vez va en aumento? ¿Acaso los partidos políticos no manejan en su agenda el asunto de la falta de oportunidades para los jóvenes? Desde luego que sí, pero prefieren mirar para otro lado ya que abordar este asunto requiere de voluntad y no de improvisación.
Les resulta más sencillo mirar los árboles en lugar de ver el bosque en su conjunto. Así como lo afirmó recientemente el flamante Ministro de Gobierno cuya solución está en la construcción de más cárceles para Colón y también para las mujeres. ¡Muy buena respuesta al tema de la inseguridad que vivimos al mejor estilo de Bukele.
El autor es sociólogo y docente
