Sobre las conversaciones con la minera, dijo en reciente entrevista el Ministro de Comercio (Mici), lo siguiente: “En las negociaciones entre agosto y diciembre del año pasado, en la medida en que se iban cerrando capítulos en materias económicas, fiscales, laborales y ambientales, se iba redactando un documento. No era un contrato, pero ambas partes sabían claramente cuáles eran esos compromisos alcanzados. Esos compromisos fueron aceptados por la empresa el 17 de enero de 2022, por lo que posteriormente entraron en el proceso de la redacción del contrato, que reflejaran esos compromisos”.
Por su parte la carta de 17 de enero de 2022 de First Quantum dice así: “Minera Panamá comprende los términos generales planteados por el Gobierno Nacional de Panamá, a la vez que considera razonable un aporte anual mínimo de 375 millones de balboas por parte de la mina Cobre Panamá. En ese sentido, aceptamos la propuesta del Gobierno Nacional, a la vez que solicitamos las protecciones necesarias con el fin de que se salvaguarde la continuidad de la operación durante la vigencia del proyecto. Nos sentimos optimistas de que se pueda anunciar el logro de un compromiso que sea mutuamente cónsono con lo expuesto en la propuesta recibida del gobierno panameño el pasado 13 de enero”.
Tratemos de desmenuzar las secuelas de este turbio documento. La minera parece considerar que, al día de hoy, no ha podido anunciarse un compromiso que sea mutuamente cónsono con lo expuesto en la propuesta recibida del gobierno panameño el pasado 13 de enero de 2022. Y ese compromiso no es mutuamente cónsono, porque asumo, la minera no ha obtenido las “protecciones necesarias” para salvaguardar la continuidad de su operación durante la vigencia del proyecto. Y al no obtener esas “protecciones necesarias”, estimo que considera que ese aporte mínimo anual de 375 millones de dólares, no es razonable. Cuando en la carta se utilizan términos como “nos sentimos optimistas” o “considera razonable” o “comprende los términos generales”, había que ponerle cuidado a su interpretación, cosa que aparentemente el gobierno no hizo. Porque el contexto no necesariamente podría ser un compromiso, sino una intención. Lo extraño es que después de dos conferencias de prensa del Presidente de la República (enero y marzo 2022), la minera no le haya puesto cuidado a las mismas frente a la repartición de riquezas que transmitió el mandatario. Como también extraña que en el medio de las negociaciones entre agosto y diciembre, por las cuales se iba redactando un documento que establecía los compromisos alcanzados de un contrato que según informó el propio Mici, posiblemente se terminaría de redactar en noviembre, de repente el gobierno tiene que informar aquel mes que le daba a “First Quantum” como fecha límite para firmar el acuerdo, el 14 de diciembre de 2022.
Inconcebible que entre enero (cuando el presidente transmite los “positivos” resultados de una negociación concluida) y octubre (un mes antes del ultimátum a pesar de haber dicho el Mici que en noviembre se rubricaba el acuerdo) del año pasado, no hubiese en todo ese tiempo una luz amarilla que diera algún tipo de alerta a las partes, con respecto a la existencia de lo que hoy es una realidad: un punto muerto. Porque mientras la minera se refiere todavía al pulimiento de una propuesta “sensacional” para el país, el gobierno dice que ya la negociación está cerrada desde enero del año pasado y lo que falta es redactar el contrato basado en dicho compromiso sellado en enero 2022 para rubricarlo. Es decir, las comunicaciones supuestamente avanzaban a la par de la redacción de un documento. Pero mientras la minera proponía cambios o mejoras, el gobierno exigía compromisos adquiridos a enero de 2022. Y así se pasaron entre enero y noviembre, mientras Cortizo aseguraba el cielo, la tierra y el mar al pueblo panameño (posiblemente desde otra dimensión).
“First Quantum” debe aclarar, porque no lo ha hecho y eso le resta seriedad, cuál fue el sentido de la nota de 17 de enero de 2022 que llenó al presidente de tanta seguridad, al punto de prometer lo que no tenía. Porque si el documento era una inocente, aunque sombría carta de intención, las palabras del mandatario debieron hacerla reaccionar de inmediato porque no se trata de cualquier pelafustán (aunque resida en un mundo paralelo). Al no aclarar en su momento la pretensión de esa carta de 17 de enero de 2022, al menos públicamente, habiendo transcurrido tanto tiempo, y en el medio de hechos y actuaciones de la contraparte que denotaban un rumbo, la inacción de la minera de alguna manera avaló la interpretación del gobierno y hoy no le queda otra que rubricar lo que este adoptó al mes de enero de 2022. Es su deber moral y obligación ética con un país, cuya pequeñez territorial lo coloca en mayor peligro ecológico y ambiental que los demás, frente a este tipo de minería metálica a cielo abierto.
Ni el tétrico manejo del gobierno nacional ni las palabras apresuradas del presidente, deben ser obstáculo para que la empresa, a estas alturas, otorgue lo que interpretó su contraparte en la negociación, y que con su alargado enmudecer dispensó lo que hoy le molesta. De no lograrse esto, un triste, prolongado y sufrido proceso de cuido y mantenimiento podría tener un final dramático para todos, salvo que el gobierno considere que todavía pueda alcanzarse un término medio, que ambas partes acuerden. Lo cual veo muy difícil por el momento político electoral que se avecina, y por entrañar la disminución de la imagen de un mandatario que garantizó apresuradamente lo que nunca tuvo.
El autor es abogado.
