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La cerca de púas del mulinato

La cerca de púas del mulinato
Ángela Russo, defensora del Pueblo. LP/Elysée Fernández

Nuestra aritmética parlamentaria es un ejercicio de supervivencia donde el pensamiento crítico se canjea por partidas circuitales. ¿No las iban a crucificar? La elección en la Defensoría del Pueblo no fue una deliberación sobre derechos humanos, sino la inauguración formal de una “cerca de púas” de 37 votos. Ese número —bonito para la lotería del domingo— es hoy el perímetro de seguridad que el Palacio de las Garzas ha levantado para blindar su gestión.

¿Cómo se obró la magia? No hubo trucos del tipo Copperfield, solo el pragmatismo del ADN compartido. Realizando Metas (RM) y Cambio Democrático (CD) son hermanos siameses, alimentados por el mismo sistema nervioso de su creador, hoy asilado en la vecina Colombia tras una sentencia pesada. Comen en un plato, bajo el redil donde el presupuesto calienta. De este bloque es el satélite nada cósmico Alianza y el siempre paracaídas Molirena.

El dato más revelador es el papel de las “huellas arqueológicas” de los antiguos colosos. El PRD de Omar y el Panameñismo de Arnulfo han perdido su brújula mística y nacionalista para convertirse en agencias de servicios legislativos. Sus diputados, actuando por cuenta propia, son un “joker de lujo”. No claudican por ideología, sino por el terror existencial a vivir “a pan y agua”. Prefieren ser el último vagón de la locomotora oficialista que quedarse fuera de la estación, en la que tiene prioridad el pago de la voluminosa deuda externa, superior a la de muchos ministerios. Y Mulino-Chapman van por más.

Atrás quedó el espejismo de la presidencia de Jorge Herrera. Aquella alianza táctica donde el Panameñismo y Vamos caminaron juntos, no al altar, fue un romance de una noche de invierno que se disipó mucho antes de la Navidad. 37, no olvides ese número. Si hablara, podría dictar quién se sentará en la silla presidencial de la Asamblea a partir de julio. Desde San Felipe, festejarán: “En esta vuelta, vamos sin Vamos”.

A la bancada veintenal, que abrace su destino de ser una oposición de fondo, de las que duelen. (Diego, pregúntale a Shirley si te están pinchando o pon la queja ante la defensora Russo).

Al sistema nuestro le basta lo simple: 37 de 71 escaños. Si el sistema niega el músculo de las mayorías cualificadas —sofisticación excesiva para nuestra democracia, donde un Contralor-Ministro irrumpe en escenas judiciales para estropear la investigación y salir entre aplausos—, le corresponde la fiscalización de cada centavo. Ante la recién instalada defensoría notarial en derechos humanos, la oposición real debe emitir sus propios informes.

Ni pensar en una Defensoría con el músculo de la colombiana, capaz de enfrentar al Estado e impulsar leyes. Esa entidad se convierte en pararrayos técnico para aplacar a organismos internacionales que, más enfocados en las fechorías terroríficas de la geografía del Medio Oriente, darán por bueno el reporte de una exmagistrada que debuta en un puesto obtenido bajo la sombra de un pacto de conveniencia.

El Palacio celebra la eficiencia aritmética. Pero cuidado: los 37 votos aseguran la Asamblea, pero no la calle. Mientras mandatarios como Claudia Sheinbaum o Bukele orbitan la Luna en las escalas de popularidad, la gestión local sigue tratando de subir la loma, desde el sótano. ¿Delcy lo supera?

El autor es periodista y filólogo.


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