Aunque el interés en los círculos científicos se ha centrado recientemente en los avances de la inteligencia artificial, hace unos días tropecé con una artículo en la revista Science que, a mi modo de ver, es tan sorprendente y prometedor como la I.A. Y aunque el tema de esa publicación parece más ciencia ficción que otra cosa, la realidad es que los científicos de la Universidad de Tufts, liderizados por el doctor Michael Levin, han podido producir unos micro-robots, hechos de células humanas, que pueden moverse y hasta potencialmente reparar daños en los tejidos del cuerpo. Estos anthrobots (derivado del griego anthropos=humanos) o biobots (por ser de origen biológico), como se les ha llamado, fueron “construidos” a partir de células de las vías respiratorias, específicamente de la tráquea de pacientes. Unas cuantas de estas células se agrupan y son capaces de desplazarse usando los cilios, unos pelitos que tienen en su superficie. Estos pelitos funcionan como remos que les permite la locomoción en línea recta, en circulo o en diferentes direcciones. Algo similar habían logrado estos mismos investigadores con anterioridad usando células de rana, con los llamados xenobots. Pero lograr estos corpúsculos multicelulares móviles usando células humanas es realmente extraordinario y novedoso. Tomen en cuenta que las células de la tráquea viven en una superficie plana, no se desplazan y son células maduras y con funciones específicas. Y entre sus funciones usuales no está desplazarse de un lugar a otro ni agruparse de esta forma.
Cuando estos anthrobots son colocados sobre una capa de neuronas (células del sistema nervioso) a los que se les ha hecho una pequeña herida, estos no sólo se movilizan sobre la capa, sino que parecen adherirse a los bordes de la herida en un intento de repararla. Todo esto puede verse en unas imágenes y videos que acompañan el artículo científico. Para los que estén interesados sólo escriban “tiny anthrobots” en el buscador de Google y podrán ver más detalles sobre estos experimentos.
Es importante señalar que los científicos han podido, por muchos años ya, fabricar pequeñas réplicas de órganos como el riñón, cerebro, páncreas, corazón, hígado y otros. Estos organoides, como se les llama, se hacen con las llamadas células madre pluripotenciales, usando matrices sintéticas como si fueran andamios de una construcción. Las células se adhieren a estas matrices y, con sustancias especiales que se le agrega al medio donde están, se convierten en las células típicas del órgano deseado. Por su tremenda similitud con los órganos completos, aunque a pequeña escala, se usan principalmente para estudiar la función de los mismos, probar medicamentos contra enfermedades que los afectan y otros experimentos importantes.
La diferencia entre estos organoides y los anthrobots es que los primeros están fijos, como quien dice en un tubo de ensayo o plato, y sus células está adosadas o adheridas a la estructura sintética. Los anthrobots son grumos de células que se flotan y se mueven y no utilizan esta matriz fija para formarse.
En opinión de los creadores de los anthrobots: “en el futuro éstos pueden personalizarse para cada paciente y objetivo, permitiendo inyectarlos con procedimientos sencillos y, una vez dentro del cuerpo del paciente, uno puede imaginarse varias aplicaciones, como limpiar el interior de las arterias ocluidas por la arteriosclerosis o liberar medicamentos en sitios específicos del organismo”. Y, como se insinúa en el artículo de Science, hasta algún día, reparar la médula espinal en un paciente con parálisis.
Claro que en estos momentos esta tecnología está en sus albores y aún hay mucho camino por recorrer, pero este es sin duda un adelanto médico con enorme potencial.
El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas
