En Final, cerrando el poemario, el poeta se pregunta, nos pregunta: «Y por qué preocuparán los ángeles?/Sus adversidades, pero también/la capacidad de superarlas». La «ciudad», entendida como «polis», como concepto aglutinador en el que de un modo u otro cabemos y nos construimos todos, siempre ha estado fascinado de una u otra forma por los ángeles (los hombres —la humanidad—, hemos sido hechos «un poco menor que los ángeles», según el cristianismo), llegando incluso a inventar los famosos «llamadores de ángeles», olvidando con ingenuidad aterradora, que también los demonios lo son.
Jaime Barrios Carrillo (Guatemala, 1954), ha escrito un iluminador poemario, centrando su mirada lírica en la idea que titula su libro, Ángeles sin dios (Ediciones Fénix, 2022), deshaciéndose desde el principio del «Dios» tutelar y creador de estos seres que han protagonizado, junto a la humanidad con la que se relacionan, grandes momentos a lo largo de la historia, y que siguen suscitando entre ambas esferas de lo «real» una simbiosis enriquecedora que se evidencia en la literatura.
El autor construye sus poemas sobre una evidente base de referentes culturales, que van desde el algoritmo actual hasta las necesarias citas bíblicas y teológicas que, por muy marcadas, no imposibilitan el disfrute del libro por parte de cualquier lector, porque están arraigadas en el imaginario popular, se han transmitido de generación en generación, aluden a pasados no tan remotos y comunes, reverberan hacia una herencia de lo cotidiano, que es también un camino fundamental hacia la discusión de fondo planteada desde un lirismo inteligente y provocador.
Hay un elemento de soledad que acompaña la lectura, soledad de lector. El poeta abre la existencia en dos y nos deja allí, bajo luces y matices que recuerdan las atmósferas de los cuadros de Hopper, en laberintos de clics y likes, en conferencias que señalan nuestras fallas; en el umbral de la duda, a las puertas del Deuteronomio; a la sombra del recuerdo de la abuela; de pie ante la estatua del Ángel Caído en un Madrid casi imposible; conmovidos al recordar la vieja foto de Dios que hemos leído; delante de un espejo que refleja, al final, nuestro rostro. Estos hitos de soledad vertiginosa y feliz, como lectores, instan a preguntarse, bajo la nacarada noche de las imágenes poéticas de poderosa luz, ¿quiénes somos, quién es Él?
De todos, para mí, el epicentro de este terremoto de luz y preguntas que es Ángeles sin dios, es Sueño del infierno, la parte final del libro, donde Jaime Barrios nos encierra con la Literatura (en mayúsculas) para que busquemos respuestas: Milton, Goethe, Dante, son los elementos de juicio y búsqueda sobre Lucifer y nuestra relación con él como raza (como «polis»), que palpita, se quiera o no, bajo el músculo cardiaco, rítmico son —celestial o del infierno—, de una fe o una supuesta fe, o una fe en la fe, o una absoluta descreencia, incredulidad, que jalona nuestros destinos más de lo que queremos reconocer. Al llegar al último verso, nos damos de bruces con ella, la fantasía, y la mirada de un niño.
El «dios» minusculado con conocimiento de causa por Jaime Barrios, es al final, el objeto de la discusión poética de la voz lírica. Los «Ángeles» (mayusculados al ponerlos primero en el título para que no se disminuyan nada más abrir el libro), son solo un trasunto de nosotros para discutir, no la existencia de Dios, sino sus hechos y sus dichos, por su propia boca o por boca de la fe o la razón; por medio de la cultura. Discutimos de los ángeles (por eso preocupan los «Ángeles», como decíamos al principio) y discutimos de Dios, de nosotros mismos, de nuestros miedos atávicos y de nuestras grandes y tantas veces frustradas esperanzas.
Un poemario intenso, brillante, que demanda segundas y terceras lecturas, que degustado con sus evocaciones culturales y literarias va abriendo nuevos y renovados espacios para la reflexión. Una apuesta que incendia las viejas parcelas de nuestras incertidumbres y nos empuja otra vez a las preguntas de siempre, haciéndonos invocar otra vez a la fe y a la literatura como materiales de búsqueda: pura belleza inteligente este Ángeles sin dios, a cuyo autor, Jaime Barrios Carrillo, haremos bien en seguir leyendo.
El autor es escritor.
