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La comparación entre Eisenhower y Trump

Trump ha propuesto, incluso sin descartar el uso de la fuerza militar, “recuperar” el control del Canal, lo que contrasta notablemente con el enfoque mesurado y respetuoso del orden internacional que caracterizó a Eisenhower en 1956.

El común denominador de la ignorancia, la mentira y el poder es el control.

-La ignorancia mantiene a las personas en la oscuridad, impidiendo que cuestionen lo establecido.

-La mentira manipula la percepción de la realidad, distorsionando la verdad para beneficiar a quienes la utilizan.

-El poder se alimenta de ambas para consolidarse y perpetuarse, asegurando que la gente acepte sin resistencia lo que se les dice.

Juntos, forman un ciclo en el que la desinformación y la manipulación sirven como herramientas de dominación.

A un hombre que utiliza la falacia para imponer su criterio se le puede denominar sofista, demagogo o manipulador, dependiendo del contexto:

  • Sofista: Alguien que usa argumentos engañosos o retóricos para convencer, sin importar la verdad.

  • Demagogo: Un líder que manipula las emociones y prejuicios del pueblo con falacias para ganar apoyo.

  • Manipulador: Persona que distorsiona la realidad con engaños para obtener ventajas personales.

En cualquier caso, su objetivo es imponer su visión sin basarse en la razón o la verdad.

Donald Trump ha sido descrito como demagogo y manipulador por diversos analistas y medios de comunicación. Su estilo político se caracteriza por apelar a las emociones y prejuicios de ciertos sectores de la sociedad, utilizando un discurso populista y, en ocasiones, distorsionando la verdad para consolidar su posición de poder.

Por ejemplo, se le ha calificado de “demagogo” por su retórica que exacerba divisiones sociales y políticas. Asimismo, se le ha señalado como “manipulador” por emplear tácticas que juegan con las frustraciones reales de los votantes para obtener apoyo.

Aunque algunos podrían argumentar que Trump exhibe características de un sofista moderno, es más común que se le identifique como demagogo y manipulador debido a su estilo de liderazgo y comunicación.

La comparación entre Eisenhower y Trump en estos contextos muestra dos estilos radicalmente diferentes de abordar crisis internacionales.

Durante la crisis de Suez en 1956, el presidente Eisenhower optó por una solución basada en el respeto a las normas internacionales y el uso de la presión económica y diplomática para evitar un conflicto armado. Aunque sus aliados británicos, franceses e incluso Israel emprendieron acciones militares para retomar el control del Canal de Suez, Eisenhower se mostró firme en oponerse a la escalada militar, advirtiendo que el uso de la fuerza tendría consecuencias negativas para el orden mundial y las relaciones con sus aliados.

Su actuación reflejó una visión de justicia en el sentido de procurar la estabilidad internacional y respetar los acuerdos y la soberanía de las naciones, aun cuando ello implicara rechazar a sus amigos más cercanos.

En cambio, en el caso del Canal de Panamá, las declaraciones y amenazas del presidente Trump—quien insiste en que el Canal fue cedido por error y que está “siendo operado por China” o que los aranceles son “exorbitantes”—se basan en una retórica populista y agresiva.

Trump ha propuesto, incluso sin descartar el uso de la fuerza militar, “recuperar” el control del Canal, lo que contrasta notablemente con el enfoque mesurado y respetuoso del orden internacional que caracterizó a Eisenhower en 1956.

Además, Trump ignora que existen tratados internacionales (como los Tratados Torrijos-Carter) que garantizan la soberanía panameña sobre la vía, y sus afirmaciones, suelen ser interpretadas como una forma de aprovechar el debate para fines políticos y de imagen, más que una política fundamentada en la justicia y el respeto a las normas internacionales.

En resumen, mientras Eisenhower demostró un compromiso con una resolución pacífica y justa de la crisis, fundamentada en el orden y la diplomacia, el estilo de Trump—basado en amenazas y en una interpretación unilateral de la “justicia” que prioriza intereses percibidos sin respetar los acuerdos internacionales—no parece reflejar ese mismo sentido de justicia.

La diferencia radica en que Eisenhower apostó por la estabilidad global y el respeto a las reglas, y Trump, en cambio, utiliza un discurso combativo y revisionista que podría desembocar en tensiones y conflictos innecesarios.

Estrategia de Egipto en 1956

Gamal Abdel Nasser logró evitar una intervención más prolongada de Francia, Inglaterra e Israel en la Crisis de Suez de 1956 gracias a una combinación de tácticas diplomáticas, resistencia militar y una hábil explotación de la rivalidad entre las potencias mundiales.

Para conseguir el respaldo de Dwight Eisenhower, presidente de Estados Unidos en ese momento, utilizó los siguientes factores clave:

  • Apelar al anti-colonialismo de EU: Nasser presentó la intervención anglo-francesa como un intento de recolonización, algo que iba en contra de la política estadounidense de descolonización en el mundo árabe y África. EU quería fortalecer su imagen ante los países del Tercer Mundo y no quería ser visto apoyando a antiguas potencias coloniales.

  • La guerra fría y la rivalidad con la URSS: La Unión Soviética amenazó con intervenir del lado de Egipto, incluso sugiriendo el uso de misiles contra Londres y París. Eisenhower temía que el conflicto empujara a los países árabes hacia la esfera soviética, lo que perjudicaría los intereses de EU en la región.

  • Presión económica y política de EU: Eisenhower utilizó su influencia económica para presionar a Reino Unido, que dependía del dólar y del apoyo financiero estadounidense. EU amenazó con sanciones y con bloquear el acceso de Reino Unido a préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

  • Uso de la ONU como herramienta diplomática: Nasser apeló a la Asamblea General de la ONU, donde EU apoyó una resolución que pedía el retiro de las tropas invasoras. Eisenhower impulsó el despliegue de una fuerza de paz de la ONU para supervisar el alto al fuego.

Gracias a esta combinación de estrategias, Nasser logró no solo resistir la invasión sino también consolidar su imagen como líder del nacionalismo árabe, mientras que Francia, Reino Unido e Israel se vieron obligados a retirarse sin alcanzar sus objetivos estratégicos.

En conclusión, la historia nos enseña que la forma en que se abordan las crisis depende en gran medida del carácter y la visión de sus líderes.

El enfoque directo y, en ocasiones, provocador de Trump durante la crisis del Canal de Panamá contrasta con la cautela y el equilibrio diplomático de Eisenhower en la crisis de Suez.

El gobierno panameño ha asumido la posición correcta al dejar claro ante la faz del mundo que nuestra soberanía no está en discusión. Sin embargo, se hace necesario una estrategia bien pensada para afrontar desafíos de gran envergadura al pelear con un líder impredecible como Trump.

Es momento de construir un argumentario contra las mentiras de Trump y difundirlo entre la ciudadanía y la comunidad internacional. Es ahora, más que nunca, cuando se necesita una política diplomática que llegue a todos los organismos internacionales y a los gobiernos donde existe representación diplomática.

El autor es empresario.


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