Después de muchos años escribiendo sobre la decadencia de la atención de salud pública, dejé de hacerlo dado que ninguna autoridad prestó atención. Con 50 años de experiencia como médico, he gestionado positivamente en docencia, atención y administración hospitalaria. No puedo ignorar el enorme esfuerzo necesario de todos los sectores para abordar la grave y terminal enfermedad de la Caja de Seguro Social (CSS).
Lo primero es entender el diagnóstico del problema para luego aplicar el tratamiento lógico. Sin embargo, con las circunstancias actuales, la visión y misión de la CSS son inalcanzables. La CSS no es autónoma; está controlada por el círculo cero del Ejecutivo, que la maneja a su antojo.
El presupuesto es de 8,000 millones de balboas para 42 mil funcionarios. El director general y la junta directiva no gobiernan, sino que son figuras VIP del círculo cero Ejecutivo-Legislativo. La junta directiva, con tres ministros que dictan la línea, controla la actuación del director general. Es innegable que la CSS está secuestrada y utilizada como botín político, lo cual se refleja en dos grandes problemas:
A. Políticamente, sirve como una trinchera para colocar a los allegados al presidente y al círculo cero, sin considerar la probidad ni la meritocracia, solo la amistad. Esto ha resultado en un desastre administrativo disimulado de manera brillante. Cada día es más evidente la escasez de medicamentos, reactivos, citas prolongadas en consultas, cirugías, estudios de laboratorio, imágenes, gabinete y patología, entre otros problemas no resueltos.
B. Económicamente, la CSS es vista como una fuente de ingresos para el gobierno en turno. A pesar de los descuentos salariales obligatorios para más de 300 mil funcionarios, el gobierno debe a la CSS millones de balboas en cuotas obrero-patronales. Esto refleja una gestión donde se priorizan compras masivas, construcción de hospitales, alquileres y externalizaciones, entre otros gastos, sin la transparencia ni la eficiencia necesarias.
Este secuestro ha llevado a la CSS a carecer de institucionalidad y gobernabilidad, gestionada de manera mediocre, improvisada y con falta de transparencia, cargada de burocracia e indolencia. Se ha manipulado brillantemente su apariencia sin fomentar un sentido de pertenencia ni valor agregado en la labor técnica, lo que ha dejado a muchos funcionarios confundidos y desmotivados.
La disciplina es laxa y no hay rendición de cuentas en las áreas médicas, donde se decide por cuenta propia horarios y métodos de trabajo bajo el pretexto de “mi norma”. Esta falta de disciplina ha llevado a una distribución desorganizada de funcionarios, sin supervisión que garantice justificación ni eficiencia, ignorando normativas y protocolos establecidos en la Ley 51 de 2005. Los mandos superiores, desde el círculo cero, dirigen compras, alquileres y construcciones con frecuentes sobreprecios y falta de competencia y supervisión, lo que constituye un fraude a la institución.
La entidad está gravemente enferma, sin uniformidad en normas, reglamentos y protocolos para el personal. Cada nuevo gobierno intenta resolver estos problemas con pseudoexpertos que proponen soluciones basadas en opiniones personales, más que en evaluaciones objetivas y expertas.
Para evitar el desastre, es crucial obtener un diagnóstico real y una evaluación independiente por personal competente y sin conflictos de interés, evitando informes sesgados como los generados por comisiones de alto nivel. La falta de supervisión y rendición de cuentas entre los más de 42 mil funcionarios actuales solo perpetúa la indisciplina.
Se necesita un verdadero cambio de actitud, dirección, voluntad y empatía para comprender la visión y misión de la CSS. Sin este cambio, incluso los superhéroes de la Liga de la Justicia no podrían salvarla de su decadencia.
El autor es médico jubilado.
