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La democracia es el proceso, no la solución

Necesitamos personas con entereza ética, capaces de reconocer sus errores, de presentarse con firmeza ante la corrupción.

La democracia es el proceso, no la solución
Ciudad de Panamá. Archivo

La mayoría de los panameños están jodidos: salarios bajos, costo de vida altísimo, poco o nulo acceso a la salud, un transporte público eficiente en sectores urbanos pero inexistente o muy caro en sectores semiurbanos en la periferia de la ciudad, alto costo de medicamentos, un sistema de educación fracasado y podría gastar las 400 palabras de este artículo enumerando más. Estos problemas requieren soluciones urgentes, ¿pero qué hacemos cuando esas “soluciones” van en detrimento de la estabilidad democrática y la fortaleza de nuestras instituciones? Los gobiernos autoritarios son excelentes en vender la idea de que solo ellos, con su “mano dura”, pueden solucionar de manera rápida las válidas quejas de la población. El problema es que esas “soluciones”, a corto plazo efectivas, socavan la estabilidad democrática y las fortalezas de la población.

Y hago esta advertencia porque en este año preelectoral, comenzaremos a escuchar discursos que se inclinarán hacia estas “soluciones” como una manera de generar simpatía en el electorado. “Cerrar la asamblea”, “poner orden”, “mano dura”, “hacer justicia”, todas estas frases evocan un sentimiento de firmeza con el electorado cansado de un sistema democrático que parece favorecer más los acuerdos de recámara que solucionar los problemas urgentes de la población. Sin embargo, usualmente ese discurso de “hombre fuerte” viene acompañado de intenciones de eliminar las barreras institucionales que hemos creado para evitar que una sola persona tenga tanto poder en nuestro país.

Eso de querer que el presidente solucione todos los problemas del país es un complejo muy normal ante el desorden de nuestro gobierno y, sobretodo, una respuesta válida a dos administraciones que francamente desperdiciaron el poder que tuvieron para generar los cambios que se necesitaban en el país. Pero, ¿necesitamos un hombre fuerte? ¿necesitamos un “presidente que ponga orden”? ¿O necesitamos mejor un grupo de personas, tanto en la presidencia como en la asamblea, con un plan claro y con una visión de un Panamá mejor, con la capacidad de llegar a acuerdos con otros actores políticos que, aunque no nos gusten, no dejarán de existir y poder llevar soluciones a corto plazo pero sostenibles en el tiempo para arreglar los problemas que tiene nuestra sociedad?

Necesitamos personas con entereza ética, capaces de reconocer sus errores, de presentarse con firmeza ante la corrupción y las intenciones de otros actores de propiciar un desorden institucional. Eso es democracia, la capacidad de llegar a acuerdos, es allí donde se muestra la capacidad real de un político. Cualquiera puede decir lo que la gente quiere escuchar para llegar al puesto a hacer y deshacer, pero no cualquiera es capaz de sentarse con otros actores a revisar los problemas de la población, analizarlos y llegar a un acuerdo común para solucionarlos.


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