Para generar empleos se necesitan inversiones públicas y privadas, más exportaciones, mano de obra preparada para lograr productividad laboral, paz y tranquilidad política, además de otras acciones y condiciones importantes.
Las inversiones públicas están ligadas a un presupuesto de inversiones en infraestructuras públicas y a proyectos de impacto socioeconómico. Las inversiones privadas están ligadas a la producción de bienes y servicios rentables, a niveles de consumo aceptables, a las perspectivas económicas del país y a la estabilidad política.
En un análisis serio y responsable sobre cómo generar empleos, habría que entrar en otras consideraciones, como la oferta y demanda del mercado laboral, incluso por sector de la economía; la disponibilidad del capital humano capacitado con las competencias que requieren los empleadores; buenos salarios y beneficios para los trabajadores y la ubicación geográfica y lugar de trabajo respecto al domicilio de los trabajadores potenciales.
Los seres humanos también actuamos por instinto y cuando no hay una fuente de ingresos que nos garantice el acceso a los alimentos, a la vivienda, a la vestimenta, al transporte, a los medicamentos y a otras necesidades básicas, nos aventuramos a hacer cualquier cosa que nos provea de los ingresos necesarios.
En buena medida, esta es la génesis de la informalidad, el autoempleo.
Es decir, la generación de empleos no ocurrirá por combustión espontánea; tampoco ocurrirá porque tengamos crecimiento económico, aunque esta condición es deseable, pues se hace necesario que las consideraciones antes mencionadas se conjuguen y sean articuladas. Además, es necesario que los actuales empleos, así como los nuevos, sean de calidad y le garanticen al trabajador un salario digno, estable y con protección social.
En las economías de libre mercado, el empleo formal como el informal son parte de una estructura propia del sistema, sin perder de vista que el escenario ideal para un trabajador es contar con un empleo formal; mientras que la informalidad es una forma de ocupación que conduce a la pobreza y a la precariedad, razón por la que todos los países luchan por abolirla o llevarla a su mínima expresión.
El análisis debe llevarnos a un gran diálogo sobre el empleo, aunque la frase no le guste a muchos, porque se ha comprobado por estudios del mercado laboral y por organismos internacionales, incluyendo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que es la herramienta más efectiva para generar empleos dignos, disminuir la informalidad, crear confianza entre empleadores y trabajadores y brindar protección social.
Es tarea del Estado la regulación, intermediación y fiscalización laboral; crear más oportunidades para que jóvenes y mujeres reciban capacitación técnica y profesional con pertinencia, así como apoyar con fuentes de financiamiento las iniciativas de emprendimiento.
Si nos planteamos el reto de generar un número determinado de empleos, como, por ejemplo, 50 mil nuevas plazas para los próximos doce meses, la tasa de desocupación disminuiría en dos puntos y medio porcentuales, asumiendo que la población económicamente activa (PEA) sea constante a la de abril del año en curso; podríamos alcanzar una tasa de 7.5%.
La iniciativa podría lograrse en el marco de un diálogo en el que haya un serio compromiso de un importante grupo de empresarios con capacidad de hacer más contrataciones y en el que el Órgano Ejecutivo se comprometa a mejorar el clima de confianza que algunos sectores reclaman.
Sería una especie de quid pro quo, reconociendo que contratar más trabajadores representaría una forma de invertir en mano de obra, insumos y equipos por parte de los empresarios, mientras que para los trabajadores significaría un aumento de oportunidades para la población desocupada y para el Estado significaría un impulso a la inversión y una acción concreta en la búsqueda de un clima laboral más favorable para el país.
Ya lo ha dicho el secretario general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en su reciente sesión bianual, celebrada en Buenos Aires, Argentina: “No es un momento para cambios graduales y tímidos, sino para políticas transformadoras y audaces que realmente muevan las agujas del desarrollo”.
El autor es economista y jefe del Observatorio del Mercado Laboral.
