Como estudiantes de maestría, son muchas las interrogantes que nos hacemos al llegar el año 2023 en cuanto a la educación pública en Panamá, ya que Panamá tiene un sistema educativo débil, al que es importante prestarle atención.
Si bien es cierto la pandemia nos dio una lección de que no estábamos preparados para las clases virtuales, fueron alrededor de 16 meses sin educación presencial para niños, niñas y adolescentes. Esto llevó a un alto índice de fracasos para el año 2021–2022. Sin embargo, todavía prevalecen los mismos problemas como son: deserción escolar de estudiantes, deficiente formación pedagógica docente, centralización del sistema educación, falta de infraestructuras y su constante deterioro, la distribución desigual de los recursos, la falta de planteles en lugares de difícil acceso y las malas condiciones laborales a los educadores, por mencionar algunos.
En Panamá, la escolarización obligatoria se extiende por 11 años, desde el nivel preescolar hasta la educación premedia. Panamá forma parte de los países latinoamericanos donde la educación media no es obligatoria en toda la extensión del nivel. Por todo lado, Argentina ocupa el primer lugar con más años de educación con 17.7 años, seguidos por Uruguay con 16.8 años, Chile con 16.4 años y Costa Rica con 15.7 años.
En Latinoamérica, para el 2022, los resultados generales dieron como ganador de la mejor educación a Chile, seguido por Perú, México, Colombia, Brasil, Argentina y Venezuela.
Algunos de los cambios que se deberían hacer para tratar de mejorar la educación en Panamá podrían ser: la despolitización de la educación, tal cual lo menciona el sector empresarial aglutinado en la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap). El gremio afirmó que se necesitan cambios institucionales modernos para potenciar la educación del país y afianzar las posibilidades de desarrollo sostenibles de Panamá.
Considero también que el periodo que debe tener el ministro de Educación no debe estar atado al mandato del gobierno de turno, ya que cinco años parecieran largos, pero en cuanto a la educación, son muy cortos para poder solucionar todos los problemas. Como mínimo, el periodo del ministro de Educación debería ser de 8 a 10 años. Esto aunado a un ministerio semiautónomo del gobierno, totalmente independiente, y nuevas materias, atendiendo los cambios tecnológicos.
En cuanto a los docentes, proporcionarles constantes entrenamientos que los mantenga actualizados, un acuerdo en cuanto a los cierres de clases que afectan directamente a los estudiantes y un aumento salarial dependiendo de los estudios, seminarios, maestrías y demás cursos tomados.
Esperamos que estas recomendaciones sean escuchadas para que de esta forma se pueda comenzar un cambio en la educación en Panamá.
El autor es estudiante de maestría de la Universidad Interamericana
