Hace más de dos lustros salió a luz un sencillo pero significativo libro, dirigido a la juventud de América Latina. Su título: ¿Por qué no dejar la escuela?, de la pluma del abogado dominicano Lic. Héctor Livio Ferrer Vásquez. Conocí al autor durante un viaje de misioneros a la República Dominicana en el 2012. De origen humilde y oriundo del Batey Jalonga, el autor puso empeño en su propia educación, y con gran candidez me relató cómo él también sufrió al no poder ir a la escuela por años, debido a múltiples dificultades como no tener zapatos y no poder asistir a tomar los exámenes requeridos. Pero se armó de valor y de fe, y con persistencia logró su sueño de completar su educación básica y secundaria. Actualmente, es abogado, escritor y comunicador social en su país. En ese entonces, Ferrer Vásquez me invitó a escribir el prólogo de su libro.
Soy pediatra de profesión y por ende, estoy bien enterada de los problemas de salud y de sicología que afectan a nuestra juventud, entre ellos la deserción escolar. Hoy quiero retomar ese tema tan importante para nuestro futuro. En nuestros países latinoamericanos, el analfabetismo y la educación truncada constituyen una problemática alarmante. La pobreza, el hambre, la pobre educación y la falta de fe son temas que evitamos encarar; pero sus efectos devastadores nos afectan a todos y cada uno de nosotros, porque a través de estos estigmas se está destruyendo poco a poco nuestro universo.
En ese sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en su Agenda Mundial de Educación 2030, aspira a “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Específicamente, la educación como “un derecho humano esencial y la base para consolidar la paz y el desarrollo sostenible” es pilar subyacente de los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de las Naciones Unidas (ONU) adoptados en el 2015 como un “llamamiento universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que para el 2030 todas las personas disfruten de paz y prosperidad.” (Véase el Informe regional de monitoreo ODS4-Educación 2030 – www. Unesco.org).
Las cifras publicadas por la Unesco en la última década prepandemia reflejaban algo de progreso en cuanto al mejoramiento de la educación en el mundo. Sin embargo, también se reportaba una desaceleración en los indicadores de acceso a la educación primaria y secundaria.
Por ende, los informes de la Unesco estimaron que unos 10.4 millones de niños, niñas y jóvenes carecían de medios de acceso a la escuela primaria y secundaria en América Latina y el Caribe en el año 2019. Luego de los estragos de la pandemia por la covid-19, la realidad no deja de ser aún más preocupante e incierta.
Hoy día, nadie debería estar sin saber leer o escribir. Y más aún, de entre los que han tenido en su vida acceso a la escuela, nadie debería dejarla, pues al hacerlo, se abandona una de las más valiosas herramientas que poseemos para contribuir con el crecimiento y el progreso de la humanidad. Esta es la vía de la paz. Es por eso por lo que hoy me atrevo a enviar un mensaje de motivación para cada estudiante, joven o adulto, hombre o mujer por igual, para cada persona que alguna vez dejó la escuela y para aquellos que se sienten muy viejos para aprender. Así mismo, hago un llamado al nuevo gobierno para que apoye la filosofía y el espíritu de la Agenda Mundial de Educación 2030 arriba mencionada.
Solamente con fe y persistencia, convirtiéndose cada uno de nuestros ciudadanos, en un ser con educación, se podrá aportar directamente a su desarrollo profesional. Y así, se hará por esa vía una contribución personal al mejoramiento de la sociedad y de toda nuestra América Latina.
La autora es médica pediatra e investigadora.