La elección de un rector en una universidad pública no es simplemente un proceso administrativo ni una contienda electoral más. Es una decisión que puede influir durante años en la calidad de la educación superior, la investigación científica, la formación de profesionales y, en consecuencia, en el desarrollo de toda una provincia y del país.
La Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi) atraviesa una etapa determinante de su historia. Más allá de nombres, simpatías o preferencias personales, la comunidad universitaria y la sociedad deben reflexionar sobre qué tipo de liderazgo necesita la institución para enfrentar los desafíos del presente y prepararse para los del futuro.
¿Qué espera la sociedad de la próxima rectoría? Espera una administración capaz de escuchar a estudiantes, docentes y administrativos; una gestión comprometida con la calidad académica, la transparencia, la investigación y la modernización institucional. Espera también una universidad más vinculada con las comunidades, los sectores productivos y las necesidades reales de la provincia de Chiriquí y del país.
Pero también existe una expectativa sobre aquello que no debe ser una rectoría universitaria. La sociedad no espera una administración aislada de la realidad nacional, ni una gestión centrada exclusivamente en intereses políticos o electorales. Tampoco espera una institución conformista, dedicada únicamente a mantener su funcionamiento cotidiano sin una visión estratégica de largo plazo.
En la actualidad, el rector de una universidad estatal debe ser visto como un verdadero estadista de la educación superior. Debe ser una persona capaz de pensar más allá de su período de gestión y de construir capacidades institucionales que beneficien a futuras generaciones. Su responsabilidad no se limita a administrar presupuestos, firmar documentos o ejecutar proyectos; consiste en liderar una institución al servicio de la nación, formar profesionales de excelencia, impulsar la investigación y la innovación, y administrar con responsabilidad y transparencia los recursos públicos.
La verdadera trascendencia de un rector no se mide únicamente por los edificios construidos, los reglamentos aprobados o los presupuestos ejecutados. Su legado debe reflejarse en generaciones de profesionales, investigadores y ciudadanos capaces de contribuir positivamente al desarrollo de la provincia y del país.
Por ello, la elección rectoral representa mucho más que la designación de una autoridad universitaria. Lo que está en juego es la calidad académica de la institución, la pertinencia de sus programas, la preparación de sus egresados y la capacidad de la universidad para responder a los desafíos del siglo XXI.
Cuando una universidad no cuenta con el liderazgo adecuado, corre riesgos importantes. Puede perder competitividad académica, debilitar sus procesos de investigación, disminuir su capacidad de innovación y alejarse de las necesidades de la sociedad. También puede deteriorarse la confianza pública en la institución y debilitarse su papel como motor de desarrollo regional y nacional.
Por el contrario, elegir a la persona más capacitada permite fortalecer la planificación estratégica, impulsar la modernización institucional, promover la excelencia académica y consolidar una gestión transparente y responsable. También favorece una mayor producción científica, una mejor vinculación con las comunidades y una participación más activa en la búsqueda de soluciones para los problemas del país.
La elección de la próxima rectoría de la Unachi debe ser entendida como una oportunidad para fortalecer la institución y proyectarla hacia el futuro. No se trata únicamente de escoger a una persona para dirigir una universidad durante un período determinado. Se trata de decidir qué universidad se desea construir para las próximas décadas y qué aporte se espera que realice al desarrollo de Panamá.
En última instancia, la pregunta más importante no debería ser quién tiene mayores posibilidades de ganar una elección, sino quién posee la capacidad, la integridad, la visión y el compromiso necesarios para conducir a la Universidad Autónoma de Chiriquí hacia niveles superiores de excelencia académica, servicio público e impacto social.
Porque cuando una universidad elige a su rector, no solo decide quién administrará una institución. Decide también qué tipo de universidad quiere ser y cuál será su contribución al futuro de la sociedad que la sostiene.
El autor es locutor comercial.

