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La era de la inteligencia artificial

Uno de los avances más extraordinarios de los últimos años ha sido el desarrollo de la Inteligencia Artificial. Casi sin darnos cuenta, estos adelantos informáticos han invadido casi todos los espacios del quehacer humano. Desde cosas tan banales como los juegos y el entretenimiento, hasta ámbitos como la aeronáutica, la salud, la robótica, las finanzas, las telecomunicaciones, la exploración espacial y la guerra.

¿Pero qué es realmente la inteligencia artificial? El diccionario Oxford la define como la teoría y desarrollo de sistemas de computadoras capaces de realizar tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana, como percepción visual, reconocimiento de voz, toma de decisiones, y traducción entre idiomas por citar algunos ejemplos. Una de las cosas más sorprendentes de algunos de estos sistemas es su capacidad de aprender. Lo que se conoce en inglés como el machine learning.

Un ejemplo extraordinario de esta capacidad de aprendizaje se vio cuando hace unos años la compañía Deep Mind desarrolló un programa llamado AlphaZero que usa una forma de inteligencia artificial conocida como aprendizaje por reforzamiento. Este programa jugando contra sí mismo, logró aprender los juegos de Ajedrez, Go y Shogi. Estos son juegos de estrategia, sumamente complejos, que exigen a los humanos años de estudio y práctica y una capacidad intelectual especial para dominarlos.

En el año 2016, uno de los programas de esta compañía hizo historia derrotando al entonces campeón mundial de Go, Lee Sedol. Muchos quedaron impresionados que un programa de este tipo pudiese derrotar al mejor jugador del mundo, considerando la complejidad de este juego donde se requiere, además de cálculo, una importante dosis de intuición y creatividad.

Las computadoras pueden realizar cálculos de las posibles jugadas de Go y Ajedrez a una velocidad extraordinaria, pero la intuición y creatividad eran cualidades que se pensaba sólo los humanos podían poseer. Es fácil imaginarse cuantas disciplinas y actividades pudieran estos sistemas aprender, ya no en juegos sino en sistemas complejos de la vida real como la economía, la bolsa de valores, la predicción de los fenómenos climatológicos, o en el diagnóstico médico. Muchos de estos usos son ya una realidad.

Desde hace varias semanas una plataforma de inteligencia artificial conocida como ChatGPT ha sido noticia alrededor del mundo. Le permite al usuario formular preguntas y conversar, pero lo más extraordinario es que ChatGPT puede componer poemas, redactar discursos y escribir múltiples párrafos según lo que uno le solicite.

Hace unos días tuve acceso a este programa, que dicho sea de paso por ahora es gratuito, le hice muchas preguntas y sus respuestas, basadas en millones de millones de datos a los que tiene acceso, y en una sofisticada red neural, fueron realmente profundas, extremadamente bien redactadas y lógicas. Ya hay gente que predice que esta extraordinaria herramienta va a ser usada por estudiantes para hacer trampa en sus tareas escolares y universitarias. Pero el alcance y utilidad de un programa como éste va mucho más allá y sus aplicaciones pueden ser realmente numerosas.

De todo esto, es evidente que la inteligencia artificial tiene un potencial extraordinario y puede traer enormes beneficios a la humanidad. Pero muchos, quizás influenciados por las historias y películas de ciencia-ficción, temen un futuro distópico, donde una super computadora pueda de alguna forma desarrollar conciencia y revelarse contra la humanidad. La realidad es que esta situación está, afortunadamente, muy lejos con la tecnología disponible actualmente.

Y es que, hasta ahora, los sistemas de inteligencia artificial tienen un enfoque limitado, lo que se conoce como I.A. Estrecha, es decir que su función es especifica, especializada y única. Los sistemas de reconocimiento de voz, por citar un ejemplo, sólo pueden reconocer la palabra hablada y escribir un texto y no tienen la capacidad ni la intención de conquistar el mundo. Y aunque hay programas de inteligencia artificial sumamente avanzados, el desarrollo de autoconciencia e intencionalidad está, en opinión de muchos expertos, todavía en el plano teórico.

Sin embargo, eso no quiere decir que la inteligencia artificial no pueda utilizarse con intensiones nefarias. Como muchas otras cosas, en las manos equivocadas, las aplicaciones de inteligencia artificial pueden ser también herramientas de destrucción y ponerse al servicio del mal. Un sistema de reconocimiento facial, por ejemplo, puede utilizarse para buscar a un menor secuestrado en una gran ciudad, pero igualmente puede ser utilizado por un gobierno para identificar entre la multitud a miembros de una minoría étnica, basándose en características faciales, para dirigir acciones de represión contra ellos.

Igualmente, muchas de las herramientas de inteligencia artificial utilizadas por las grandes compañías que manejan compras en línea, buscadores, y redes sociales pueden vulnerar nuestra privacidad y fácilmente catalogar y explotar los gustos y preferencias de sus miles de millones de usuarios. Me contaba un amigo que en una ocasión conversaba con su esposa acerca de la idea de comprar un nuevo par de zapatillas para hacer ejercicios.

Minutos después cuando sacó su celular del bolsillo y empezó a revisar sus redes sociales, éstas estaban llenas de propagandas de zapatillas para correr. Conveniente coincidencia, o travesuras de la inteligencia artificial. ¡Que Terminator nos proteja!

El autor es médico


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