La escuela que urge

La escuela que urge
Cada 1 de diciembre se celebra el día del maestro en el país.

En medio de una crisis mundial, con una importante afectación en la oportunidad de dar clases presenciales, preguntémonos, hoy, Día del Maestro, qué políticas educativas son necesarias para la escuela que viene. La Fundación Santillana convocó a personas de Europa y América para que dialogáramos sobre esa escuela que deberá ser soñada y construida desde el presente.

Hay grandes desafíos educativos, exógenos al distanciamiento social, producto de la crisis sanitaria, como la Cuarta Revolución Industrial y la transformación del mundo del trabajo.

Cuándo nos juntamos el 15 de octubre para intercambiar experiencias y expectativas, articulamos consensos con el potencial de vigorizar nuestro trabajo en los contextos en los que nos desenvolvemos.

Entre las políticas educativas importantes, coincidimos que, independientemente de la existencia o no de la actual crisis, debemos garantizar el derecho a la educación. Es un foco que no puede quedar en segundo plano. Concluimos que las trayectorias escolares completas son esenciales para la autonomía individual y para la inclusión.

Coincidimos que es crítico acortar la brecha social en regiones del mundo muy desiguales. Para ello, debemos enfocarnos en la formación de la persona. Ello implica políticas sociales y de acompañamiento a las familias y a la promoción de la equidad en las oportunidades de aprendizajes.

Es fundamental la formación tecnológica de la comunidad educativa, en especial de los maestros, a fin de asegurar un liderazgo pedagógico digital. Es esencial asegurar la oportunidad de acceso a un mundo virtual.

Coincidimos que el liderazgo pedagógico es crítico, ante las modalidades de clases a distancia.

La empatía y la calidez del educador que propenda una interacción respetuosa y comprometida, serán decisivas para la formación de los niños, niñas y jóvenes.

A fin de lograr nuestros objetivos, hay que reformular las políticas públicas. El docente tiene que ser un generador del cambio. Su formación inicial y continua debe trascender lo teórico.

Requiere conocimiento disciplinar, habilidades blandas, competencias digitales, conocimiento de Neurociencias de la educación, agilidad y capacidad de improvisación ante escenarios cambiantes y complejos.

Las universidades y las escuelas tienen una responsabilidad compartida. Las universidades no pueden ser claustros, con una interacción a veces disociada de la realidad social. Tienen la obligación de aportar desde la inteligencia colectiva que albergan, respuestas, a través de la investigación y de la extensión universitaria en los entornos en los que ocurre la experiencia educativa.

Les corresponde trabajar en equipo, poniendo a disposición de nuestras sociedades, su intelectualidad y su experticia a fin de hacer un acompañamiento efectivo y transformador, articulado con la tarea de formación del capital humano de las instituciones educativas en los niveles preuniversitarios.

Coincidimos en insistir en la necesidad de descentralización de los sistemas educativos. La autonomía y la responsabilidad compartida de las escuelas y de la comunidad educativa deben producir mejores y más comprometidos resultados.

La creación de oportunidades es clave para los actores de la comunidad educativa, considerando las desigualdades en América Latina. Los objetivos deben surgir de la investigación, de la evaluación y de la acción articulada y coherente, a fin de lograr institucionalizar un pacto educativo.

Panamá tiene el Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación (COPEME), encargado de monitorear y dar seguimiento a los acuerdos del diálogo que produjo 37 políticas públicas y 241 líneas de acción.

Las comunidades no pueden quedarse atrás. Se necesita una educación comunitaria participativa en la que la escuela, la familia y la comunidad hagan sinergias. ¿Cómo lograr todos estos objetivos? Debemos hacerlo desde la empatía, a través del diálogo; siendo autocríticos; ofreciendo soluciones; construyendo, desde las coincidencias, respuestas a los retos; estimulando la inclusión, el respeto a la dignidad, la oportunidad de crecimiento, y el reconocimiento de las diferencias.

Así, lograremos una mejora basada en el diálogo, en el análisis, que parte de un diagnóstico, incorporando una visión compartida y una motivación colectiva. ¿Qué podríamos alcanzar? Una obra educativa colectiva basada en el diálogo y en la cooperación continua a través de una eficaz gestión del conocimiento.

La escuela tiene el potencial de ser el gran laboratorio de aprendizaje de una sociedad.

Hagamos de la escuela el centro del devenir de nuestros países. El destino de nuestras naciones se decide en las aulas.

La autora es integrante del Consejo Permanente Multisectorial para la Implementación del Compromiso Nacional por la Educación.


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