Al celebrarse cada 20 de marzo la conmemoración del Día Internacional de la Felicidad, fecha proclamada en 2012 por resolución de la Asamblea General de la ONU, resulta ideal hacer un alto para reflexionar sobre este tema fundamental de la vida. Irónicamente, muchas veces le restamos importancia en medio de una ajetreada vida cotidiana, que nos hace olvidar que la felicidad es un derecho universal de todo ser humano.
Ya sabemos que la felicidad ha sido, y es, uno de los mayores anhelos de la humanidad. Todas y cada una de las personas que habitamos en este planeta, sin importar su nacionalidad, edad, género o condición social, aspiramos a vivir una vida con momentos plenos, llenos de satisfacciones, en la que podamos realizarnos, estar en paz con nosotros mismos y, por supuesto, ser felices.
Sin embargo, ciertas condiciones del mundo actual y diversos factores externos que nos afectan a todos hacen que la conquista de la felicidad sea todo un desafío. Entonces surge una pregunta muy importante: ¿es la felicidad únicamente un asunto individual o también una responsabilidad colectiva?
Ciertamente, la felicidad comienza en el interior de cada persona y nos invita a realizar una profunda reflexión personal. En este sentido, cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de cultivar bienestar mediante decisiones conscientes, buenos hábitos y una actitud positiva frente a la vida. Empero, somos personas que convivimos con otras en una sociedad en la cual diferentes factores impactan en la calidad de vida de todos.
Por esta razón, nadie puede estar ajeno a esta realidad, y mucho menos evadir la responsabilidad colectiva de contribuir a consolidar entornos que favorezcan el desarrollo humano, el bienestar mental y la convivencia pacífica. Esto es, en esencia, el gran propósito social. Cada uno de nosotros debe asumir nuestro rol en edificar una sociedad más humana, cultivando valores como la solidaridad, el respeto, la empatía y la confianza.
En palabras simples, la felicidad es el producto de una interacción continua entre la vida interior de las personas y las condiciones del entorno social en el que vivimos. Esto requiere del esfuerzo personal de cada uno, pero también depende del compromiso colectivo.
No hay duda de que uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo es aprender a aceptar nuestra responsabilidad personal de vivir con mayor conciencia y, al mismo tiempo, aprender a construir sociedades más justas, solidarias y orientadas al bienestar de todos.
El Día Internacional de la Felicidad no debe considerarse simplemente una fecha simbólica, sino una invitación a reflexionar sobre el tipo de vida que estamos creando y la sociedad que queremos dejar a las próximas generaciones. Y aunque cada uno de nosotros tendrá su propia respuesta, considero que hay algo en lo que coincidiremos: la felicidad se encuentra en la calidad de nuestra experiencia humana, en la calidad de nuestras relaciones y en la capacidad que cada uno tiene de contribuir positivamente a la sociedad en la que vive y al mundo que lo rodea.
Más allá de centrarnos únicamente en la riqueza material, requerimos desarrollar las condiciones necesarias para que juntos podamos vivir vidas más plenas y felices. Porque una sociedad más feliz inicia con personas que decidimos vivir con mayor conciencia sobre cómo queremos vivir.
El autor es promotor de bienestar y vida feliz.


