El pasado lunes 3 de febrero falleció Elías Díaz, reconocido humanista y filósofo del derecho, dejando tras de sí un legado considerable en términos de investigación, justicia y compromiso con la democracia. Lamentablemente, este acontecimiento no recibió la atención esperada por parte de las facultades de derecho del país. Mientras que en Hispanoamérica se llevaron a cabo numerosos homenajes, coloquios y relecturas de su obra, no hubo pronunciamientos académicos significativos ni recordatorios que resaltaran su figura. Este silencio académico es motivo de reflexión.
Resumir la vida de este distinguido académico en pocas líneas es una tarea casi imposible. Dedicó su vida entera al estudio de la filosofía del derecho. Se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca y continuó sus estudios en las universidades de Múnich y Friburgo, obteniendo el doctorado en la Universidad de Bolonia. Impartió clases en diversas universidades españolas, tales como la Universidad Complutense de Madrid, y fue catedrático en Valencia, Oviedo y la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.
Además, fue profesor invitado en la Universidad de Pittsburgh. Recibió el reconocimiento de doctor honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad de Milán en Italia, la Universidad de Granada y la Universidad de Alicante, entre otros muchos honores. Fue un investigador destacado y multidisciplinario, con contribuciones significativas no solo en el campo del derecho, sino también en disciplinas como la ciencia política, la sociología, la economía, la historia y la filosofía, lo que contribuyó a su desarrollo intelectual.
Elías Díaz se destaca como una figura central en el ámbito de la filosofía del derecho, junto a reconocidos juristas como Gregorio Peces Barba, Norberto Bobbio, Liborio Hierro, Francisco J. Laporta, Eusebio Fernández y, posteriormente, Manuel Atienza, Javier de Lucas, Enrique Pérez Luño y Rafael De Asís. Estos académicos han conformado gradualmente el grupo de profesores más influyentes en el habla hispana dentro de esta disciplina.
Un aspecto fundamental en su obra fue su concepción de la justicia y su papel en cualquier sociedad democrática. Especialmente en el contexto de la lucha contra la dictadura, él reconocía que los abogados tienen la obligación y el deber de ser transgresores, y destacaba la importancia de identificar, razonar y argumentar qué leyes pueden considerarse injustas o justas, lo cual constituye la base central de su obra. Su libro Estado de derecho y sociedad democrática es esencial para cualquier investigador y filósofo del derecho. No solo es una referencia para la socialdemocracia en España, sino que también desempeñó un papel fundamental en América Latina.
Para Elías Díaz, la democracia se entiende como un principio moral y una práctica política. De esta manera, surge la democracia institucionalizada en el ámbito jurídico, conocida como Estado de derecho, que se basa en dos principios fundamentales: la auto-legislación, es decir, el imperio de la ley como expresión de la soberanía popular (o de la voluntad a través del consenso); y la protección y realización de los derechos fundamentales,
Otro de sus importantes libros es Curso de Filosofía del Derecho, considerado un texto fundamental para los estudiantes de derecho y reconocido ampliamente en América Latina. Elías Díaz ha contribuido significativamente no solo a la filosofía del derecho, sino también al Derecho Constitucional, los Derechos Humanos, la Teoría del Derecho y el Derecho Administrativo. Su trabajo sobre la independencia de los tribunales es uno de los muchos aportes relevantes que ha realizado este destacado académico.
Quienes tuvimos la suerte de contar con él como profesor recordamos su paciencia y calidad humana. Escuchar sus conferencias era un lujo, pero lo más importante es que siempre mostró calidez y aprecio por sus estudiantes. Respondía cada pregunta con infinita paciencia, sin importar el tiempo. Su legado como jurista y profesor comprometido con la democracia y el Estado de derecho es inolvidable. Sin duda, su despedida es una triste pérdida.
A pesar de que varias facultades de derecho y filosofía han lamentado su partida, especialmente en Europa y América, debido a la importancia de su legado, en Panamá su despedida ha pasado casi desapercibida, con contadas excepciones. Esta situación refleja negativamente nuestra academia y destaca la necesidad de repensar y otorgar la importancia que merece la filosofía del derecho en nuestras facultades.
El autor es abogado, profesor universitario y doctor en derecho.
