Los recientes siniestros que se dieron con dos incendios en la ciudad de Panamá que provocaron que cientos de damnificados quedaran en albergues; además del terremoto en la hermana República de Venezuela, nos impulsan a tocar un tema de especial importancia donde la cultura juega un papel fundamental.
En situaciones de emergencia se interviene de manera inmediata con la provisión de alimento, refugio y asistencia médica a las víctimas. Esto, desde luego, es lo más urgente en el momento. Sin embargo, los desastres provocan también una “estela visible y dolorosa” que fractura el espíritu y el tejido social. Es en este triste escenario donde la cultura, desde la lectura y la palabra, asume un rol fundamental para reparar el espíritu.
En los albergues la población de niños suele ser numerosa. Niños y niñas afectados emocionalmente con grados de incertidumbre terribles que perturban, no solo el sueño, sino hasta los sueños de futuro. La lectura de un cuento puede ser una herramienta de reparación que permite que los afectados procesen el trauma y miren con esperanza un futuro compartido. Las palabras se convierten en refugio de supervivencia para sobrellevar la crisis, incluso el dolor de una pérdida.
La reconstrucción de ese tejido herido puede darse en un escenario de convivencia a través del lenguaje literario. La lectura en contextos de crisis actúa como un bálsamo que alivia el dolor y disminuye la angustia y ofrece una pausa necesaria para asimilar el daño.
Los cuentos y la poesía tienen un poder capaz de simbolizar el sufrimiento; es decir, las palabras permiten a las personas “nombrar lo innombrable” a través de metáforas y ficciones que ayudan a soportar el trauma para que no quede reprimido en el silencio.
Pero para que esto suceda se debe contar con protocolos y estrategias de mediación cultural en contextos de emergencias. En noviembre de 2018 el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc-Unesco) en colaboración con la Secretaría de Cultura de México, publicaron el libro: "La fuerza de las palabras: Protocolo para una intervención cultural en situaciones de emergencia“.
Este documento es un referente que cobra singular importancia en tiempos en que no solo las crisis ambientales y los desastres naturales se han disparado, sino también la violencia de género y doméstica, las emergencias sanitarias y la migración. El documento sirve para que otros países puedan utilizarlo en la formación de recurso humano para poder acompañar a las personas en momentos difíciles.
El protocolo propone el uso de la lectura, la escritura y la oralidad como herramientas fundamentales para la reparación emocional, la construcción de resiliencia y la reconstrucción del tejido social tras un desastre, basándose en la premisa de que las palabras permiten “nombrar lo innombrable” y proyectar un futuro compartido.
También existe otro documento: "Estrategias de mediación de lectura en emergencias“, publicado por el CERLALC en el 2022, como una extensión operativa del protocolo original. Es un recurso que en dos tomos
ofrece talleres para profesionalizar a los mediadores de lectura para actuar como enlaces de hospitalidad en contextos de crisis.
Aunque tengamos todo el amor del mundo y la empatía nos invada, no basta con echarse una mochila con libros en la espalda. Hay que tener el acervo apropiado (libros), el apoyo logístico de las autoridades, tener claro las medidas para el cumplimiento de los derechos humanos y personal capacitado para intervenir en espacios vulnerables con actividades de mediación.
Las actividades colectivas de mediación ayudan a transitar de “narrativas victimizantes” hacia “narrativas empoderantes”, donde la comunidad recupera su capacidad de agencia y reconstruye sus lazos de solidaridad. Esto lo trasmite el mediador desde una serie de estrategias que le permiten brindar hospitalidad y resguardo emocional, desde la selección de “textos ligeros” —historias diáfanas y contundentes— que abran vías de escape sin abrumar al lector.
La labor del mediador está regida por una “ética del cuidado” que exige:
La escucha activa para priorizar el silencio y el testimonio del otro antes que la actividad misma; el respeto a la dignidad para evitar frases que minimicen el dolor y no forzar nunca la participación; el autocuidado que permite que el mediador esté emocionalmente estable para poder sostener a otros y reconocer cuándo debe replegarse si la situación le sobrepasa.
La intervención cultural basada en la lectura permite que las víctimas no solo sobrevivan al desastre, sino que recuperen su capacidad de ensoñación e imaginación, facultades indispensables para visualizar y construir un nuevo proyecto de vida tras la adversidad.
Es vital que las instituciones culturales y organizaciones humanitarias en Panamá se articulen para trabajar en un dossier práctico de asistencia. Además contar con los recursos para la adquisición de materiales de lectura; la materia prima para poder ayudar al prójimo.
Es menester convocar a algunas ONG de Ciudad del Saber, como la OEI, donde se pueda hacer conexiones para convocar a voluntarios que quieran ser mediadores de lectura. Los documentos para las capacitaciones existen y se pueden descargar del sitio web del Cerlalc. Solo hace falta que alguien arengue las tropas.
El autor es escritor.
