En estos días se habla mucho de sentencias, de inconstitucionalidad, de contratos anulados y de decisiones históricas. Pero hay una pieza clave que suele pasar desapercibida y que, sin exagerar, es el verdadero interruptor del sistema jurídico: la Gaceta Oficial.
Dicho de manera sencilla: la Gaceta es el botón que abre o cierra la puerta de la obligatoriedad de la ley.
Cuando la Asamblea aprueba una ley, esa ley no obliga por el solo hecho de haber sido votada. Obliga cuando se publica oficialmente. Antes de eso, es un texto aprobado; después de eso, es una norma que todos debemos cumplir.
Lo mismo ocurre cuando una ley es derogada o declarada inconstitucional. La decisión puede estar tomada. El fallo puede estar firmado. Pero, para que la ley deje de obligar a todos, la decisión debe publicarse oficialmente.
En términos claros:
La ley nace obligatoria con su publicación.La ley deja de obligar a todos cuando se publica su derogación o la sentencia que la declara inconstitucional.
La sentencia declara la invalidez.La Gaceta la vuelve obligatoria frente a todos.
Sin publicación, la norma no entra plenamente al sistema.Sin publicación del fallo, su expulsión no se vuelve general.
Esto no es un formalismo ni un ritual burocrático. Es un mecanismo de seguridad jurídica. La publicidad oficial evita que el Derecho funcione por rumores, filtraciones o interpretaciones anticipadas. En un Estado serio, nadie queda obligado por lo que “dicen que salió”. Queda obligado por lo que aparece publicado oficialmente.
Pensemos en algo cotidiano. Si mañana se aprueba una ley que cambia los impuestos, usted no puede estar pendiente de cada debate parlamentario. Usted confía en que, cuando esa ley aparezca en la Gaceta Oficial, sabrá que empieza a regir. Esa confianza es parte de la estabilidad del país.
Ahora pensemos en lo contrario. Si la Corte declara inconstitucional una ley, pero esa decisión no ha sido publicada oficialmente, ¿puede el Estado actuar como si ya no existiera? Si lo hiciera, estaría creando una zona gris: para algunos la ley sigue vigente porque está publicada; para otros ya no existe porque se dictó una sentencia.
Ese vacío es peligroso. La Gaceta elimina ese vacío.
Por eso puede afirmarse algo que parece simple pero es profundamente constitucional: la Gaceta Oficial no crea la voluntad del legislador ni la decisión del juez; pero sí crea su obligatoriedad frente a la colectividad.
La forma, en Derecho, no es un adorno. Es la garantía de que todos jugamos con las mismas reglas y sabemos cuándo cambian.
En momentos de tensión política o económica, la tentación es actuar rápido. Pero el Estado no se fortalece actuando con prisa; se fortalece actuando con orden. Y el orden empieza por respetar el mecanismo que convierte decisiones en normas obligatorias.
Sin Gaceta no hay ley obligatoria.Sin Gaceta no hay ley expulsada para todos.
No es retórica. Es técnica constitucional. Y, sobre todo, es una protección para cada ciudadano.
El autor es exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia.
