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La gasolina en Panamá no es un lujo y golpea el bolsillo

La gasolina en Panamá no es un lujo y golpea el bolsillo
El precio de la gasolina ha ido aumentando. LP/Alexander Arosemena

Desde que nacimos, en Panamá hay una verdad que nadie discute: aquí nada camina sin gasolina. Somos un país cuyo motor, literalmente, es el petróleo. Y aunque el mundo avance hacia nuevas tecnologías y energías más limpias, nosotros seguimos sumergidos —y cómodamente dependientes— de las petroleras y las gasolineras.

El primer “truco” que muchos recordamos fue el cambio de galón a litro. Durante años, el aumento del combustible se percibía en 2 o 3 centésimos por galón, algo suave, casi imperceptible; y en momentos de crisis o mala suerte, hasta 4 centésimos. Luego vino la “modernización”: la transición al sistema por litros. Ahí es donde estaba el detalle… en la matemática que casi nadie explicaba.

Hoy te suben 2 o 3 centésimos por litro… pero, si lo conviertes a galón, no son 2 ni 3: estamos hablando de aproximadamente 7 a 12 centavos reales. Entonces uno se pregunta: ¿fue una actualización necesaria… o una forma más elegante de que el golpe no se sintiera tan fuerte?

Y ahí no acaba el asunto.

Las estaciones compran combustible a un precio determinado. Pero apenas anuncian un alza, ese mismo combustible —que fue adquirido más barato— pasa a venderse más caro. Desde la lógica del mercado puede tener explicación, pero para el consumidor común no deja de generar la sensación de que la balanza no siempre está a su favor. Negocio redondo… visto desde un solo lado.

Por otro lado, uno escucha en noticieros que el petróleo baja a nivel internacional… pero en Panamá la historia muchas veces se siente distinta. Cuando baja, es poco: 2 centésimos por litro. Pero a la semana siguiente puede subir 6. O sea, te quitan en ascensor y te devuelven por la escalera… si acaso.

Ahora la nueva promesa es el etanol, una alternativa que podría aportar beneficios tanto económicos como ambientales. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma: ¿representará un alivio real en el bolsillo del consumidor o simplemente seguiremos pagando lo mismo con otro nombre?

El punto de fondo es claro: Panamá sigue atado a un modelo energético tradicional. Y mientras no exista un cambio real —como una migración seria hacia tecnologías eléctricas o energía solar— seguiremos en el mismo juego.

El futuro apunta hacia nuevas formas de energía, más eficientes y sostenibles. Pero tampoco seamos ingenuos: estos cambios no ocurren de la noche a la mañana; responden a decisiones, inversiones y voluntad colectiva. La historia ha demostrado que los mercados evolucionan cuando el consumidor también cambia. Casos como el de Blockbuster, que no creyó en el cambio… y el cliente simplemente tomó otro camino, lo confirman.

Al final, la pregunta no es si el cambio llegará. La pregunta es: ¿nos atreveremos a cambiar… o seguiremos echando gasolina a este mismo relajo?

El autor es arquitecto y consumidor.


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