Luego de más de 30 días desde que se desatara la crisis en Medio Oriente, los mercados ya evidencian los primeros impactos de esta escalada geopolítica. El petróleo WTI, referencia relevante para Panamá, pasó de $65.21 por barril el 26 de febrero a $111.54 el 2 de abril, tras tocar un máximo intradía de $113.97. El oro, por su parte, reafirmó su papel de refugio al pasar de $5,230.56 por onza a $5,297.31. Pero, más allá de esos movimientos, resurgen dudas sobre la trayectoria esperada de la inflación, el recorte de tasas de referencia y, en consecuencia, el costo del capital.
Este shock petrolero puede generar nuevas presiones inflacionarias en el corto plazo, y la magnitud de ese efecto dependerá de la duración del conflicto. Si previo a la escalada la inflación global aún no estaba plenamente bajo control, el aumento del precio del petróleo y su rápida transmisión a la cadena productiva y logística elevan el riesgo de un repunte inflacionario o, al menos, de una desinflación más lenta. El efecto no se limita a energía y fletes: el Golfo concentra cerca de 35% de la urea y 45% del azufre transados globalmente, dos insumos críticos para fertilizantes y alimentos.
Para agravar la situación, el mercado laboral estadounidense todavía no envía una señal clara de debilidad. En marzo, la tasa de desempleo se ubicó en 4.3% y la economía creó 178 mil empleos, cifras que difícilmente obligan a la Fed a acelerar recortes de tasas en medio de presiones inflacionarias.
El incremento del riesgo inflacionario ya se refleja en la curva soberana de Estados Unidos: entre febrero y abril de 2026, el tramo largo de los Treasuries subió entre 30 y 40 puntos básicos, con los bonos a 20 y 30 años acercándose nuevamente a 4.9%. En paralelo, el mercado aún asigna 95% de probabilidad a una tasa de la Fed entre 3.50% y 3.75% desde abril hasta julio de 2026, y 78.9% para diciembre. El escenario base sigue siendo de recortes lentos y limitados, pero no desaparece la posibilidad de una pausa prolongada. Eso presiona valuaciones, mantiene exigente el costo del capital y vuelve más selectivo el acceso a fondos.
Si la crisis geopolítica se prolonga, el riesgo para los mercados deja de ser solo monetario. A un entorno de inflación más persistente y tasas más rígidas podría sumarse una desaceleración del crecimiento global con precios todavía altos: estanflación, uno de los peores males del diccionario económico.
Para Panamá, el efecto en el corto plazo probablemente será que continúe la volatilidad en los precios de la deuda, especialmente en los bonos de mayor duración. De prolongarse la situación, el costo de fondos enfrenta el riesgo de encarecerse. Pero también podrían abrirse oportunidades para plataformas logísticas y de servicios vinculadas a la reconfiguración de la cadena de suministro. El reto será gestionar el riesgo sin perder de vista oportunidades.
La geopolítica complica las tasas, pero también reordena oportunidades.
El autor es financista.

